”Ver menos que Pepe Leches”

”Ver menos que Pepe Leches”

El famoso dicho empezó con José Fernández Albusac, hijo de José y Crescencia, natural de Leganés (Madrid) y de profesión guardia municipal del Ayuntamiento de Madrid. Era un hombre de estatura media y carácter difícil.

Parece ser que tenía la mano dura a la hora de zanjar confrontaciones callejeras, lo que le proporcionó el sobrenombre de Pepe Leches, pues así llamaban a los bofetones las clases bajas de aquel tiempo.

Tenía una afección de la vista conocida por “ojos tiernos”, y además, miope, no usaba lentes para no deshonrar el uniforme. Cuando “pegaba una leche”, no había seguridad de que la recibiese el culpable, pero, como él decía: “ninguno es del todo inocente cuando dos se pelean”.

Pepe Leches sentía cierta inclinación por el campo, que unido a las sospechas de que su esposa le engañaba con el cabo a cuyas órdenes estaba, le empujaron a pensar en ingresar en la Guardia Civil recién creada. Tenía la seguridad de que iría destinado a un pueblo, donde sería alguien respetado y que podría criar cerdos y gallinas y estar lejos del cabo.

Al ejercer de guardia municipal en la Corte. se inclinó a ir directamente a la cabeza de la Benemérita. Y así, aprovechando la presencia del Duque de Ahumada en una fiesta benéfica, donde le habían enviado para dar servicio, pensó que unas simples palabras le ahorrarían los trámites requeridos para su ingreso.

Caminando hacia el grupo en que se encontraba el Duque, se acercó lanzando un apasionado discurso sobre su espíritu justiciero y abnegación patriótica. Su corta visión hizo que el discurso se lo dirigiera a una niña vestida de gitana, hija de los anfitriones, a quien confundió con el Duque de Ahumada.

Este con gran regocijo presenció la escena y convenció a Fernández, con el mayor tacto posible de la imposibilidad de aceptarle en la Guardia Civil, porque requeriría tener vista  de lince.

El guardia Fernández murió años después atropellado por una carroza fúnebre cuando creía chocar con su sobrina. Eso dijeron los testigos del accidente, porque le oyeron exclamar: “¡Pero qué bestia eres, Manuela!”. En el duelo, únicamente el cabo de quien tanto sospechó se atrevió a decir: “Pobre Fernández, con la letra tan buena que tenía.

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