Sitio de Baler y Los últimos de Filipinas

Sitio de Baler y Los últimos de Filipinas

El asedio de Baler (30 de junio de 1898 – 2 de junio de 1899) es la defensa  de la última posición española en Las Filipinas. Durante casi un año,  54 soldados españoles  resistieron el ataque  de 400 soldados tagalos desde el interior de la pequeña iglesia de Baler.

A lo largo del siglo XIX nació el imperio americano y  España perdió las colonias americanas, las continentales y las insulares, Cuba, Puerto Rico, Guam. El imperio español se desmoronaba y nos enfrentamos a la mayor crisis de la historia de España.

Muchos españoles murieron como héroes, lejos de su país y muchos lo tuvieron que hacer porque no tenían las 2.000 pesetas para librarse del servicio militar.

Fue una guerra injusta y miles de españoles salieron de sus pueblos, de sus huertas, de sus aldeas y fábricas, simplemente por el hecho de ser pobres; y por eso tuvieron que ir la guerra y murieron en ella. Fueron los héroes del 98, los últimos de Filipinas

A finales del siglo XIX Los Estados Unidos compraban territorios como Alaska, o se apropiaba de ellos como Hawái. Cuba y Puerto Rico estaban tan cerca que constituían una seria amenaza a la expansión del imperio norteamericano y los dueños de Cuba y de Puerto Rico eran los españoles.

El 25 de  abril de 1898 llegó el pretexto para limpiar esas islas de españoles. En Cuba saltaba por los aires el Maine.  Este hecho justificó  oportunamente la declaración de una guerra contra España.

Pero la verdad fue que lo del Maine no fue un sabotaje español, fue un mero accidente como se demostró más tarde porque el  orificio ocasionado por la explosión se produjo en el interior  de la bodega, y no por una mina de contacto.

El colmo fue que nos declararon la guerra el 25, se hacía con efecto retroactivo desde el 21 de abril, Es decir que el 25 de abril, ya llevaba España 4 días de guerra con ellos y no lo sabía.

Los norteamericanos, además de Cuba y Puerto Rico, querían también las Islas Filipinas, puertos ideales para abastecer de carbón a sus colonias de Asia.

La guerra con los Estados Unidos fue un desastre; pero también una demostración magnífica del espíritu heroico de España, de los marinos españoles en Cavite y en Santiago de Cuba.

El combate de Cavite fue entre una escuadra poderosísima, escuadra de acero, y una escuadra de madera. Mostraron los españoles, mandados por Patricio Montojo, una serenidad, un estoicismo, una intrepidez extraordinarias.

Sabían que iban a ser aniquilados, y se desplegaron en la línea de batalla y abrieron fuego. Sabían que iban a jugar con ellos, como una fiera juega con un cordero, y se apostaron sin vacilaciones para combatir.

En 1896 después del Pacto de Biak/Nna/BatoEmilio Aguinaldo se fue a Hong Kong con los bolsillos llenos de dinero.

Aguinaldo pertenecía a  la sociedad secreta filipina denominada Katipunan  y a finales de 1897,  en ese clima de aparente paz, el gobierno español redujo el número de efectivos destinados en algunas de sus guarniciones.

España tenía desplegados en esos momentos unos 28.000 soldados en Filipinas, no eran muchos si los comparamos con los 100.000 que teníamos en Cuba.

Con la crisis de abril de 1898, el líder filipino, Aguinaldo volvió a las islas para dirigir la insurrección contra los españoles.

Los filipinos en número mucho mayor, fueron tomando territorio; y los 28.000 efectivos allí desplazados ya no eran suficientes para repeler los ataques de los filipinos, ya que estaban apoyados desde la costa por los buques de Estados Unidos.

Llegó el desastre de Cavite, donde se perdió toda la flota española en una hora y media. Los españoles tuvimos  800 bajas y los americanos no llegaron a 20.Nuestra flota era moderna, pero mal conservada.

Al comprobar la inactividad americana, decidieron auxiliar a los barcos amenazados al mando del capitán de Navío Don José Ferrer. A retirar a las tropas y recuperar los barcos apresados por los filipinos, aunque hay que recordar que el mando era español pero la tripulación sera filipina, y esta les fue fiel.

Apresaron el mercante Saranac, el velero Iris y la lancha Nueva Esperanza. Fondearon la flota que quedaba en Zamboanga y al final todo estos barcos fueron vendidos a los Estados unidos.

En la isla de Luzón, en el Distrito Príncipe, estaba la pequeña población de Baler, un pueblecito situado sobre un recodo, al sur de la ensenada o bahía de su nombre, apartado de la playa unos 1.000 metros cerca del Océano Pacífico. Tenía un grupo pequeño de casas dispersas y una iglesia.

Con un cabo y 4 guardias civiles filipinos, eran suficientes para  cumplir con la misión de controlar a los contrabandistas del lugar. Pero como consecuencia de la tensión, llegaron a Baler refuerzos, el teniente Mota, de 18 años, con 50 cazadores. Los cazadores del grupo expedicionario, eran la fuerza de choque de los españoles en las Filipinas.

Con los primeros ataques de los filipinos, esta fuerza de 50 efectivos fue masacrada, y el propio teniente Mota, se suicidó, se pegó un tiro antes de rendirse. Entonces, desde Manila, la capital, se volvieron a mandar más refuerzos.

En febrero de 1898 salía de Manila una nueva expedición con dirección a Baler. Otros 54 cazadores al frente del capitán Enrique de la Morenas  y los tenientes Saturnino Martín Cerezo y Juan Alfonso Zayas, junto con el teniente médico Rogelio Vigil de Quiñones, se desplazaron dispuestos a defender  los intereses de España.

El capitán de Infantería Enrique de las Morenas y Fossi era el comandante político-militar del distrito de El Príncipe. Había nacido en Chiclana de la Frontera en 1855. Ingresó con 19 años en el Colegio de Infantería, del que salió como alférez en 1875.

Participó en la Tercera Guerra Carlista en Cataluña y en Navarra siendo ascendido a teniente y, tras pasar la mayor parte de los años posteriores destinado en Andalucía, fue ascendido a capitán de la Escala de Reserva en 1896.

En 1897 fue destinado a Filipinas, a donde llegó, como parte del Batallón Expedicionario de Cazadores nº 9, en enero de 1898. Poco después, a petición suya fue nombrado comandante de El Príncipe.

Cuando llegó a Baler se encontraba ya enfermo. Dirigió la resistencia del destacamento de Baler hasta su muerte por enfermedad, casi cinco meses después de iniciado el sitio.El último documento que firma, en pleno delirio, es ofreciendo amnistía a los sitiadores si deponen las armas.

El segundo teniente Juan Alonso Zayas estaba al mando del destacamento del Batallón Expedicionario de Cazadores n.º 2 destinado en Baler. Había nacido en Puerto Rico en 1868, donde su padre, también militar, se encontraba destinado. Vivía con su familia en Barcelona y era fotógrafo cuando se alistó como soldado voluntario en el ejército en 1888.

Sirvió en Cuba entre 1889 y 1895, ascendiendo a sargento. En 1897 fue destinado a Filipinas, ya ascendido a segundo teniente de la Escala de Reserva. En 1898 fue destinado a Baler al mando de un destacamento de 50 soldados. Allí pereció de beriberi tras casi cuatro meses asediado con sus hombres.

El segundo teniente Saturnino Martín Cerezo era el segundo al mando del destacamento de Cazadores estacionado en Baler. Provenía de una familia campesina y había nacido en Miajadas (Cáceres) en 1866.

A su llegada a Baler el 12 de febrero de 1898, Vigil se ocupa de la puesta en orden de la enfermería. El 13 de octubre, es gravemente herido en un costado y, ayudado por unos espejos, él mismo se practica las curas.

Aun estando herido sigue participando activamente en la defensa, empuñando las armas junto al resto de los sitiados. En diciembre, cae enfermo del beriberi, enfermedad que afecta a gran número de los defensores y de la que mueren el capitán de las Morenas y el 2º teniente Alonso Zayas.

Utilizando hierbas y alimentos obtenidos durante varias salidas al exterior de la iglesia, consigue recuperarse y frenar la epidemia, al tiempo que atendía con frecuencia a enemigos heridos, a pesar de las advertencias acerca del peligro que ello suponía.

El día 20 de abril de 1899, empuñando una pistola impide un ataque enemigo que pretendía prender fuego a la Iglesia.

En mayo  Aguinaldo y los suyos, financiados y armados por los Estados Unidos, volvieron secretamente a Filipinas y reavivaron la revolución contra los Españoles. Aguinaldo creyó que los americanos eran sus aliados en el proceso de su independencia de España.

Los 54 cazadores, llegaron a Baler, se instalaron en el pueblo y fortificaron la comandancia. En la isla de Luzón, los españoles habían fundado 1400 pueblos y en todos ellos, el principal edificio era la Iglesia.

La iglesia de Baler era casi una auténtica fortaleza militar,  con unos profundos  muros perimetrales de 1,5 metros de ancho y unos 20 metros de fachada. Esta construcción era la más adecuada para resistir los fuertes huracanes, tan habituales en  este territorio.

Enrique de las Morenas, acordó con el padre Carreño, que si las cosas se ponían difíciles, los españoles se retirarían a refugiarse a la Iglesia al ser el  lugar más sólido y seguro de la población.

La sociedad secreta Katipunan fundada en las Filipinas por Andrés Bonifacio para liberar el país de los colonizadores españoles decide atacar. Al frente de este ejército revolucionario estaba  Emilio Aguinaldo y Novicio Luna.

Katipuna tenía miles de efectivos a su disposición y Baler era una pieza muy apetitosa. Sería muy fácil tomar aquella iglesia defendida por tan solo 54 españoles. Pero no iba a ser tan fácil como se lo imaginaban.

El 27  julio de 1898  Enrique de las Morenas decide refugiarse con todo el destacamento en la iglesia del pueblo. era reducida y de muros débiles. Se taparon las ventanas. En torno de la iglesia, muy próximo a sus paredes, el enemigo formó una recia trinchera.

Los españoles reúnen toda la alimentación disponible y la meten en la iglesia: 4.500 kg de arroz en mal estado, habichuelas, tocino rancio, mucho azúcar pero no disponían de sal para conservar los alimentos frescos.

Comienza la resistencia de Baler. Serán 337 días, lo que en principio iba  a ser una resistencia a la espera de refuerzos, se convirtió en una resistencia heroica. A las pocas horas los filipinos atacan la iglesia.

Cientos de tagalos atacan a los españoles por todas las partes pero los cazadores logran repeler todas las ofensivas. Los tagalos después de reagruparse vuelven a la ofensiva y los españoles vuelven a repelerlos. Los días van pasando y la decisión de los españoles de defenderse no cambia, están dispuestos a soportar todos los envites hasta nuevas órdenes.

Los tagalos les enviaban a los sitiados, mensajeros de paz; pero los sitiados los desestimaban. Sometidos al interior de la iglesia, tabicadas las ventanas, la ventilación era deficiente; se respiraba un aire denso y viciado.

Comenzó una terrible epidemia de beriberi. Los efectos comenzaban por los pies. Se hinchaban las extremidades inferiores con tumefacciones dolorosas; iba ascendiendo el mal, y poco a poco, entre dolores agudísimos, acababa la vida del enfermo.

El beriberi es una enfermedad producida por carencia de vitamina B1 (tiamina), que afecta el aparato cardiovascular (beriberi húmedo) o el sistema nervioso (beriberi seco).

En estos años todavía no se conocían las vitaminas. Se descascarillaba el arroz y en esa cáscara estaba la vitamina B1,  que tan necesaria era para los españoles. Muchos soldados se ven afectados por el beriberi y también por la disentería.

La disentería es una enfermedad infecciosa asociada a dolor abdominal, fiebre, diarrea, e inflamación y ulceración de la boca.

El teniente de las Morenas se desespera. La enfermería se fue llenado de soldados, incluso el mismo teniente estuvo afectado por el beriberi. Cuando se agotaron las raciones de carne, se comieron lagartijas, ratas, serpientes.

Cualquier animal que se movía era apto para el consumo. Y los hombres comenzaron a morir, la mayoría por las enfermedades y el hambre. Finalmente fallece el capitán Enrique de las Morenas el 22 de noviembre de 1898.y también el teniente Juan Alfonso Zayas.

La situación es desesperada y al frente de la guarnición queda el teniente Saturnino Martín Cerezo. Los tagalos siguen atacando, ahora ya con cañones. Manila ya había caído y los filipinos llevan las piezas de artillería desde la capital a Baler para rematar a los españoles.

El techo de la iglesia fue destruido por el cañón. La lluvia inundaba los lechos. Apenas se dormía. La ropa se había gastado. Iban todos vestidos de andrajos. No había calzado. Se iba también descalzo.

A todo esto el enemigo no cesaba de enviar mensajes de paz. Acabaron los sitiados por decir que no recibirían ya a ningún emisario.

La bandera española que flameaba en la torre se había consumido por el sol, la lluvia y el viento. Afortunadamente, en la iglesia pudieron encontrar telas de color amarillo y rojo. La bandera fue rehecha, pero la torre, a fuerza de cañonazos, se vino abajo.

España se había rendido a los americanos. El 13 de agosto de 1898 firma el tratado de París donde capitula y entrega a Estados Unidos, en el mismo tratado, las Filipinas, Cuba y Puerto Rico. Por las Filipinas sólo pagaron 20 millones de dólares.

España estaba desmoralizada, estaba hundida  ante una grandísima crisis económica. Ya se había perdido todo pero ¿qué sería de los hombres que estaban en Filipinas?. Comenzaron las repatriaciones, pero el teniente Saturnino Martín Cerezo seguía resistiendo en Baler.

El día 14  d diciembre del 98 se produce salida desesperada del Cabo Olivares y 14 soldados, queman gran parte del pueblo (incluida la vecina casa‑cuartel de la Guardia Civil) para conquistar una huerta cercana, de la que arrancan brotes de calabaza y hojas de naranjo.

Es así como vencen a la letal epidemia de beriberi. 167 días después, se abren las puertas para oxigenar la desvencijada iglesia convertida a un tiempo en cárcel y cementerio. Charanga y cánticos navideños, aunque para Nochebuena ya se ha restablecido el cerco anterior.

El día de Navidad llega un Capitán español, prisionero de guerra, y un franciscano, a quienes dentro toman por cómplices bajo amenazas de los tagalos.

Llegó la Navidad de 1898, la situación era angustiosa. Los alimentos ya se habían terminado y solo les quedaban infusiones de naranja amarga. El teniente Martín Cerezo con el teniente médico Rogelio Vigil de Quiñones, deciden salir para ir a cazar algo que llevarse a la boca.

10 hombres salieron de la iglesia y a tiro limpio se hicieron con una buena pieza. Los españoles habían logrado cazar un carabao, una especie de búfalo y terminaron por meterlo en la iglesia.

Ya tenían carne fresca para tres días. Mientras tanto los soldados seguían  demostrando un heroísmo glorioso, seguían haciendo oídos sordos a las órdenes de los diferentes emisarios que iban llegando a avisarles del fin de la guerra.

A Baler llega el capitán Olmedo -amigo de Las Morenas- por orden del general De Los Ríos, con este mensaje:

“Habiéndose firmado el Tratado de Paz entre España y los EE.UU. y habiendo sido cedida la soberanía de estas Islas a la última nación citada, se servirá Ud. evacuar la plaza, trayéndose el armamento, municiones y las arcas del tesoro, ciñéndose a las instrucciones verbales que de mi orden le dará el Capitán de Infantería D. Miguel de Olmedo Calvo. Dios guarde a Ud. muchos años. Manila, 1 de febrero de 1899. Diego de los Ríos”.

Olmedo pide entrevistarse con De las Morenas pero Martín Cerezo se lo niega -no le menciona su fallecimiento- haciendo el -falsamente- de interlocutor entre ambos, como las órdenes no le parecen coherentes, las rechaza.

El día 24 de febrero son arrestados dos soldados y un cabo por intentar desertar.

Ahora los filipinos luchaban contra los norteamericanos, el tratado de París había sido una traición para  los intereses locales, no les daba la independencia. Ahora sería una colonia de Estados Unidos.

El 13 abril de 1899, el almirante Dewey envió al cañonero USS Yorktown. Los americanos tuvieron el gesto de intentar la salvación de los cazadores de Baler. A petición española, deciden ir en su ayuda y sacarles de Baler.

El cañonero americano, Yorktown   ilumina por  la noche la iglesia; el teniente Cerezo interpretan que son los refuerzos que llevan esperando desde julio y se produce una explosión de euforia entre los españoles.

Pero los 16 fusileros americanos del Yorktown, al frente de su teniente James C. Gillmore  murieron sin lograr rescatar a los españoles. El Yorktown se retiró.

Martín Cerezo ordenó seguir con la resistencia con la bandera clavada hasta el final empeñados en una defensa a ultranza hasta el último hombre.

En mayo, el teniente coronel Cristóbal Aguilar y Castañeda, llegaba a Baler desde Manila a bordo del cañonero Uranus. Martín Cerezo, en su ofuscación, confundió el cañonero español con un barco filipino y supuso que era un intento de ellos para engañarle, pensó que el barco estaba camuflado como barco español para tenderle una trampa.

Martín Cerezo se niega a salir de la iglesia y Aguilar no consigue convencerlo de que la guerra ha terminado. Entonces el teniente coronel Aguilar, le entrega unos periódicos para que los lea y verifique lo que le está diciendo.

Y Martín Cerezo lee las noticias de España, se convencen de su error y asume la realidad. Todos tenían razón él estaba confundido, nadie le había engañado. Había defendido la plaza, y había resistido.

Durante el sitio de Baler, en la iglesia  se produjeron 8 deserciones, 6 se escaparon y 2 fueron fusilados el 1 de junio, dos días antes de salir de la iglesia, el cabo Vicente González Toca y a Antonio Menache Sánchez, que llevaban presos 97 días acusados de intentar desertar.

Martín Cerezo le pide al teniente médico, Rogelio Vigil de Quiñones, que inscriba ese suceso como dos muertos por la enfermedad.

El 2 de junio de 1899, 337 días después, la bandera española era arriada y en su lugar se izó la bandera blanca. Martín Cerezo consiguió negociar la rendición, logró la más honrosa que la que consiguieron firmar sus superiores en Manila unos meses antes.

En la capitulación firmada en Baler, se decía que las dos partes habían decidido abandonar las hostilidades, que los españoles serían respetados, que saldrían de la iglesia portando sus armas y serían escoltados hasta las tropas españolas o un lugar seguro.

Se presentó en la Iglesia, Simón Tecson, oficial al mando de las fuerzas filipinas sitiadoras y Martín Cerezo le indicó su intención de rendirse siempre y cuando se aceptaran una serie de condiciones.

“Capitulamos porque no tenemos víveres, pero deseamos hacerlo honrosamente. Deseamos no quedar prisioneros de guerra y que ustedes admitan otras condiciones que expondremos, de las que levantaremos acta. Queremos que nos hablen con claridad y que no nos engañen. Si se han de portar con nosotros de mala manera, deben decirlo, porque en ese caso no nos rendimos. Pelearemos hasta morir, pero moriremos matando”.

Tecson le pidio a Cerezo que las redactara y que si no había nada que resultara degradante, aceptaría la rendición y permitiría a los españoles salir con las armas hasta el borde de su jurisdicción, donde deberían entregarlas.

“En Baler a los dos días del mes de junio de mil ochocientos noventa y nueve, el 2.º Teniente Comandante del Destacamento Español, D. Saturnino Martín Cerezo, ordenó al corneta que tocase atención y llamada, izando bandera blanca en señal de Capitulación, siendo contestado acto seguido por el corneta de la columna sitiadora. Y reunidos los Jefes y Oficiales de ambas fuerzas transigieron en las condiciones siguientes:

  • Primera. Desde esta fecha quedan suspendidas las hostilidades por ambas partes beligerantes.
  • Segunda. Los sitiados deponen las armas, haciendo entrega de ellas al jefe de la columna sitiadora, como también de los equipos de guerra y demás efectos pertenecientes al Gobierno Español.
  • Tercera. La fuerza sitiada no queda como prisionera de guerra, siendo acompañada por las fuerzas republicanas a donde se encuentren fuerzas españolas o lugar seguro para poderse incorporar a ellas.
  • Cuarta. Respetar los intereses particulares sin causar ofensa a personas.

Y, para los fines que haya lugar, se levanta la presente acta por duplicado, firmándola los señores siguientes:

Teniente Coronel de la fuerza sitiadora,Simón Tecson. El Comandante, Nemesio Bartolomé. Capitán, Francisco T. Ponce. Segundo Teniente Comandante de la fuerza sitiada, Saturnino Martín. El Médico, Rogelio Vigil.”

Martín Cerezo había entrado con honores en la historia militar de España. Cuando salen de la iglesia, sólo quedan 33 soldados y 2 frailes, 17 habían muerto , 6 se habían escapado y 2 fusilados . Hasta el cura Carreño había fallecido. Salieron de la iglesia, harapientos con los máuseres enmohecidos, sin municiones, muchos desdentados, pero salieron con honor de la iglesia que les había protegido durante 337 días,  desfilando con marcialidad de a tres en el fondo orgullosos y con la cabeza bien levantada, recibiendo los honores de las tropas tagalas.

Nadie se explica cómo pudieron resistir tanto, como pudieron soportar enfermedades como el beriberi y la disentería, cómo la mayor parte de las bajas, lo fueron por enfermedad y no por el combate, cuando ellos habían causado al enemigo centenares de bajas.

Más tarde el 30 de junio se publicó un decreto firmado por Aguinaldo, presidente de la República Filipina, en el que se podía leer lo siguiente:

“Habiéndose hecho acreedoras a la admiración del mundo las fuerzas españolas que guarnecían el destacamento de Baler, por el valor, constancia y heroísmo con que aquel puñado de hombres aislados y sin esperanzas de auxilio alguno, ha defendido su bandera por espacio de un año, realizando una epopeya tan gloriosa y tan propia del legendario valor de los hijos del Cid y de Pelayo; rindiendo culto a las virtudes militares e interpretando los sentimientos del ejército de esta República que bizarramente les ha combatido, a propuesta de mi Secretario de Guerra y de acuerdo con mi Consejo de Gobierno, vengo a disponer lo siguiente:

Artículo Único. Los individuos de que se componen las expresadas fuerzas no serán considerados como prisioneros, sino, por el contrario, como amigos, y en consecuencia se les proveerá por la Capitanía General de los pases necesarios para que puedan regresar a su país. Dado en Tarlak a 30 de junio de 1899

El Presidente de la República, Emilio Aguinaldo.

El Secretario de Guerra, Ambrosio Flores.”

El día 29 de julio los héroes de Baler embarcaron en el vapor Alicante, de la Compañía Trasatlántica y el 1 de septiembre desembarcaron en Barcelona, siendo recibidos por las primeras autoridades.

El teniente Saturnino Martín cerezo, fue condecorado con la Laureada de San Fernando y nadie se explica porque no se concedió una Laureada colectiva a los compañeros del teniente Martín Cerezo.

A la familia del capitán Enrique de las Morenas y Fossi, se le concedió una pensión anual de 5.000 pesetas válida para su viuda o sus herederos. Enrique de las Morenas, nacido en Chiclana de la Frontera, el  23 de mayo de 1855; fue ascendido a título póstumo al grado de Comandante. Tiene dedicadas calles a su nombre en Chiclana, Cabra, Baena, y una plaza en Madrid.

El teniente Martín Cerezo llegó a general.

A los soldados el estado les concedió 60 pesetas de pensión; algunos de ellos murieron como mendigos en las calles de España; 12 llegaron a la Guerra Civil; incluso alguno de aquellos murió fusilado en ella.

En las Filipinas quedaron dispersos los cuerpos de más de 5.000 españoles, oficialmente se les consideró como desaparecidos en combate. Nunca volvieron, recibieron el agradecimiento, ni el reconocimiento debido; sólo recibieron ingratitud y olvido en las generaciones posteriores. Así somos…..

En total fueron sitiadas 60 personas, incluyendo los dos misioneros enviados por los filipinos, de las cuales 15 murieron enfermos de beriberi o disentería, 2 murieron por heridas de combate, 6 desertaron y 2 fueron fusilados por orden de Martín Cerezo tras ser declarados culpables de intento de deserción.

El Comandante Político-Militar del Príncipe y Capitán de Infantería Enrique de las Morenas y Foss, natural de Chiclana de la Frontera. Falleció por enfermedad.

El sitio de Baler es la gesta de un pequeño grupo de españoles, los últimos de filipinas, que apagaba definitivamente  un Imperio de 400 años en América.

El imperio terminó y la cultura, la lengua, el derecho, la religión y la tradición actual de los países americanos de hoy, mucho tienen que ver con las de aquellos que durante 4 siglos defendieron con esfuerzo y sangre el Imperio Español en América.

Y así, con el honor intacto, finalizaban 300 años de presencia de España en las islas. De Legazpi a Cerezo, de Felipe II a Alfonso XIII.

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