La Guerra de Cuba y el final de 4 siglos de Imperio Español

La Guerra de Cuba y el final de 4 siglos de Imperio Español

La guerra de Cuba de 1898 fue la última guerra de la isla contra el dominio del Reino de España. Era una de las últimas guerras americanas, que comenzó el 24 de febrero de 1895 en un levantamiento de 35 pueblos cubanos en el Grito de Oriente o Grito de Baire, en la que participaron algunos grupos del ejercito Mambí.

El ejército Mambí, se creó anteriormente en la guerra de los diez años, en la que causaron 80 mil bajas al ejercito de España en Cuba, pero no lograron la independencia, prácticamente sin armas, atacaron a las tropas españolas.

Durante el gobierno del General Blas Villate y de la Hera, Conde de Balmaseda o Valmaseda ocho estudiantes fueron arrestados en su aula universitaria el 25 de Noviembre de 1871, por el propio Gobernador español de La Habana, acusados falsamente de haber arañado la tumba de un periodista español. Al día siguiente, bajo las órdenes del Segundo Cabo, General Crespo, por encontrarse ausente Valmaseda, los estudiantes fueron juzgados. El fallo no fue aceptado por los voluntarios españoles amotinados frente al edificio de la cárcel donde se celebró.

Los estudiantes fueron procesados una segunda vez, donde los condenaron a muerte. Los ocho estudiantes fueron ejecutados el 27 de Noviembre de 1871, dos días después de su arresto. La fecha del 27 Noviembre se celebra en Cuba como día de Duelo Nacional.

José Martí, que cuando le deportaron a la península en 1971, organizó en los Estados Unidos el Partido Revolucionario Cubano cuyo principal objetivo era lograr la independencia de Cuba, organizó el levantamiento de 35 localidades. Llegó a ser favorable a los cubanos y fue el principio de la Guerra, entre Cuba y España. Era Baire una aldea situada a 75 Km de Santiago de Cuba.

El 21 de marzo Antonio Cánovas, envió 7000 reclutas de la península para sofocar la revuelta. Esto supuso muchos ingresos a la industria textil catalana, porque tenían que fabricar los trajes de los soldados.

Los separatistas idearon la campaña “Invasión al Occidente” que tenía el fin de tomar ese sector de la isla. No fue fácil vencer el Oriente de Cuba, donde las fuerzas realistas tuvieron grandes aprietos para dominar a los secesionistas.

estallaron nuevos focos revolucionarios, liderados por José Martí, el general Máximo Gómez, residente en Haití y el mulato costarriqueño Antonio Maceo. Los puertorriqueños se unieron a la lucha, ya que ellos también anhelaban la liberación, resultando un frente de batalla, en una lucha desigual, donde su poder residía tan sólo en obligar a pagar un dinero a los grandes terratenientes para obtener recursos amenazándolos con quemar sus campos. También incendiaron fábricas de tabaco, haciendo que los campesinos y obreros se unieran a la revolución. España reprimió ferozmente estos ataques subversivos, aunque no pudo impedir que Martí y sus hombres tomaran el oriente de la isla.Sin embargo, José Martí y Antonio Maceo murieron en la contienda: Martí casi al inicio de la guerra (19 de mayo del 1895). Maceo pudiera ser que muriera en una emboscada que él mismo tenía preparada al ejército español.

El objetivo de los patriotas era llegar al oeste del territorio, zona más rica y que contaba con el mayor número de esclavos, empresa impedida por los españoles, que se dispusieron, bajo las órdenes de Arsenio Martínez Campos, desde Júcaro a Morón, con 33 fuertes, que los sublevados pretendían franquear realizando el Cruce de las Trochas, liderados por Maceo y Gómez, obteniendo el éxito esperado. El 7 de diciembre de 1897, perdió la vida Maceo, en una emboscada, al oeste de la Habana

Según se desprende de la hoja de servicios del subteniente D. José Muñoz Gutiérrez, sargento en aquella época, y cuyas operaciones desde el 22/10/1896 en Artemisa y Heras, y posteriormente en la trocha de Mariel a Majama hasta el 23/12/1896 en Pinar del Río, incluyendo la derrota de Maceo, le valieron al citado sargento, la consecución de dos cruces de plata al mérito militar con distintivo rojo.

Generalizada la rebelión en toda la isla, el gobierno central de Madrid destituyó al general Martínez Campos y decidió enviar a la isla al general Valeriano Weyler. Este último llevaría a cabo una guerra atroz en su afán de derrotar a los independentistas cubanos. Con un cuarto de millón de hombres, el general Weyler se propuso acabar la guerra en un periodo de 24 meses. Una de sus medidas sería colocar a los habitantes rurales en campos de concentración para de esta manera privar a los sublevados del apoyo de los campesinos.

Se cree que murieron unos cien mil cubanos en esos campos de concentración debido al hambre y las enfermedades. Pero a pesar del incremento constante de tropas españolas y la abrumadora superioridad de su ejército, Weyler fue incapaz de derrotar a los rebeldes cubanos. Estos, conocían el terreno y movidos por el espíritu secesionista llevaron a cabo una eficiente guerra de guerrillas que consistía en operaciones ofensivo-defensivas que fueron desgastando al ejército español.

A pesar de contar con los mejores medios militares como líneas de fortificación, ferrocarriles, vigilancia de las costas y el armamento más moderno de la época. Para finales de 1897, el gobierno español se encontró con las arcas vacías y con un ejército agotado por las enfermedades tropicales y la resistencia de los rebeldes.

En 1897 asesinan a Cánovas y esto propició el nombramiento de Sagasta. El nuevo presidente decidió destituir a Weyler en  favor del general Ramón Blanco y Erenas, tanto por el costo político de su modo de hacer la guerra, como por su fracaso militar al no poder derrotar a los rebeldes. A comienzos de 1898 el gobierno de los Estados Unidos reclamó que la guerra afectaba a sus intereses y le exigió a España reformas para lograr la paz.

Hubo proyectos de autonomía para Cuba durante el gobierno de Práxedes Mateo Sagasta, con Segismundo Moret en el Ministerio de Ultramar que fueron redactados el 25 de noviembre de 1897 por Maura, Abarzuza y Cánovas del Castillo. Era una constitución que otorgaba a la isla autonomía plena. Con la excepción de los reales decretos que otorgaban igualdad de derechos políticos a los españoles residentes en las Antillas, en Cuba y Puerto Rico con el sufragio Universal y la elección del cargo de Gobernador. Los mismos derechos que tenían en la península al ser españoles.

El primer gobierno estuvo presidido el 1 de enero de 1898 por José María Gálvez Alonso, que era un abogado, periodista y político español y cubano, ya que nació en Matanzas en 1834. Fue un destacado miembro del autonomismo cubano. Fundó el Partido Liberal Autonomista y dirigió la Sociedad Económica de Amigos del País, cuya finalidad era difundir las nuevas ideas y conocimientos científicos y técnicos de la Ilustración. Estas Sociedades surgieron en España. Aunque también existieron en otros países europeos como Irlanda o Suiza.

Durante la Guerra de los diez años, Gálvez había colaborado con el núcleo cubano que estaba exiliado en Nueva York y se hizo cargo del diario La Revolución. Escribió innumerables artículos bajo seudónimo en que denunciaba a las autoridades españolas y hacía un llamamiento a la población cubana a adherirse a la revolución liderada por Carlos Manuel de Céspedes, que Fue Mayor general del Ejército Libertador y Primer Presidente de la República de Cuba en Armas. Destituido Carlos como presidente en 1873 se instaló en San Lorenzo, la Sierra Maestra donde, en 1874, cae en desigual combate contra las tropas españolas.

Cuando las autoridades españolas descubrieron la paternidad de los escritos de Gálvez, fue procesado y condenado a la pena de muerte, castigo que le fue conmutado por el del exilio en la isla de Pinos.

La Paz de Zanjón, firmada el 10 de febrero de 1878, entre la Corona de España, representada por el general Arsenio Martínez Campos, y los revolucionarios cubanos Emilio Luaces y Ramón Roa, propiciaron un breve período de paz para la isla, a la par que se concedió una amplia amnistía para los presos políticos de la que se aprovechó Gálvez. Pero, al obtener la libertad,  se sintió profundamente decepcionado por las continuas disputas internas dentro de la causa revolucionaria, las cuales favorecieron la defenestración de sus dos personajes más válidos: el expresidente Céspedes y el general Quesada, auténtico héroe de guerra en la pasada contienda.

Gálvez se alineó ideológicamente a la causa reivindicada por la burguesía criolla que negaba la capacidad del país para la independencia absoluta, y aún fue más lejos al hacer público su convencimiento de que una separación radical del régimen español equivaldría a entregar la isla al caos absoluto y la anarquía política. Su objetivo era la consecución definitiva de la independencia una vez que el país se mostrara preparado y maduro para tal realidad. Desde el año de su fundación, en el año 1878, hasta la consecución de la independencia en 1898, toda la política cubana giró en torno al partido de Gálvez, pues sostuvo una fuerte lucha por el poder con el Partido Conservador Integrista, mucho más radical a la hora de afrontar la transición política, ya que optaba por la insurrección pura y dura contra el dominio español para abreviar el proceso de independencia.

Al conceder la Corona de España la capacidad de autogobierno a la isla, el 1 de enero de 1898, Gálvez desempeñó la presidencia del Gobierno autónomo hasta su disolución definitiva, el 17 de julio del mismo año.

El fuerte valor económico, agrícola y estratégico  de Cuba había provocado numerosas ofertas de compra de la isla por parte de varios presidentes estadounidenses (John Quincy Adams, James Polk, James Buchanan y Ulysses S. Grant), que el gobierno español siempre rechazó. Cuba no sólo era una cuestión de prestigio para España, sino que se trataba de uno de sus territorios más ricos y el tráfico comercial de su capital, La Habana, era comparable al que registraba en la misma época Barcelona.

En 1889 con la excusa de asegurar los intereses de los residentes estadounidenses en la isla, el gobierno estadounidense envió a La Habana el acorazado de segunda clase Maine. El viaje era más bien una maniobra intimidatoria y de provocación hacia España, que se mantenía firme en el rechazo de la propuesta de compra realizada por los Estados Unidos sobre Cuba y Puerto Rico.

El 15-2-1898 el acorazado estadounidense Maine, explotó. Ante esta situación Estados Unidos acusó a España de agresión y anunció una guerra inminente. Ante la amenaza, el Capitán General de Cuba, Ramón Blanco, le propuso al General Máximo Gómez, líder de los rebeldes, una alianza para enfrentarse a los norteamericanos. El general Gómez se negó rotundamente y recibió órdenes del gobierno rebelde de apoyar al ejército estadounidense para lograr finalmente la separación de Cuba de la Corona de España.

Los norteamericanos se negaron a formar una comisión conjunta que averiguase lo ocurrido, y cada parte investigó por su cuenta. Para los españoles, la catástrofe se debió a una explosión interna del Maine, mientras que los enviados de Washington aseguraban que la causa había sido por una mina o torpedo. Con todo esto el presidente Mac Kinley ensayó una solución pacífica: la compra de Cuba por cien millones de dólares, con un millón de comisión para el político que firmase la operación, pero Sagasta no aceptó (su dilema era: “o la guerra o el deshonor”). Ante esta oferta España intentó soluciones diplomáticas pero no sirvió de nada.

La declaración de guerra a España no se hizo esperar y los combates que antes se centraron en tierra, se trasladaron al mar: Las flotas realistas no pudieron responder a los modernos acorazados estadounidenses. La toma de Santiago de Cuba y la superioridad militar de las tropas norteamericanas, apoyadas en todo momento por las fuerzas cubanas al mando del General Calixto García (jefe cubano del departamento oriental) obligaron a los españoles, que ya estaban virtualmente acabados a rendirse el 17 de julio de 1898, fecha en la que las fuerzas militares españolas entregaron la isla a los insurrectos cubanos y a las tropas estadounidenses. El 1 de enero de 1899, Estados Unidos se hizo cargo del Gobierno de la isla. El suceso abrió paso a la ocupación estadounidense de Cuba hasta 1902.

Por el Tratado de París, España renunciaba a su soberanía sobre Cuba, Puerto Rico y Filipinas, lo que realmente significó dejar el campo libre a la intervención y ocupación por los Estados Unidos. La exclusión de los representantes de las tres colonias en mención, evidenció el ánimo colonialista de los Estados Unidos, aunque las fuerzas independentistas de esos países llevaran el mayor peso de las guerras. El 24 de febrero de 1899, justo cuatro años después del inicio de la guerra, hacia su entrada triunfal en La Habana el Generalísimo Máximo Gómez al frente de su ejército. El viejo general Dominicano había guiado a los patriotas cubanos a la victoria en su guerra de emancipación contra el ejército español con la ayuda norteamericana. Miles de personas salieron a recibir al ejército libertador y Gómez sorprendido le dijo a uno de sus hombres: “Si toda esta gente hubiese peleado con nosotros habríamos derrotado a España hace muchísimo tiempo”.

Los libertadores descontentos al ver cambiar su tierra de amo, no dejaron de luchar por ser libres. Puerto Rico y Filipinas continuaron mas décadas como colonias, no ya de España. Sino de Estados Unidos. La lucha cubana hizo que los norteamericanos se retiraran y redactó una constitución conforme a la llamada Enmienda Platt aprobada por la Asamblea Constituyente cubana el 12 de junio de 1901: el 20 de mayo de 1902 nacería la República de Cuba con la toma de posesión de su primer presidente, Don Tomás Estrada Palma. Sin embargo, no fue hasta 1909 con la presidencia de José Miguel Gómez (del partido liberal) que terminó el Gobierno de Intervención norteamericano, y no sin antes (2 de julio de 1903) firmar el arrendamiento de la base de Guantánamo aún hoy poseída por los EE. UU.

La independencia no mejoró la situación de los más desfavorecidos, produciéndose después de la secesión colonial levantamientos del sustrato poblacional negro, que en 1912 propició otra intervención estadounidense.

Al final del conflicto España fue derrotada y sus principales resultados fueron la pérdida de la isla de Cuba (que se proclamó república independiente pero quedó bajo tutela de Estados Unidos) así como de Puerto Rico, Filipinas y Guam, que pasaron a ser dependencias coloniales de Estados Unidos.

En Filipinas, la ocupación estadounidense degeneró en la guerra filipino-estadounidense de 1899 a 1902. El resto de posesiones españolas de Extremo Oriente serán vendidas al Imperio alemán mediante el tratado hispano-alemán del 30 de febrero de 1899, por el cual España venderá al Imperio alemán sus últimos archipiélagos  Las Marianas (excepto Guam), Las Palaos y Las Carolinas, a cambio de 25 millones de marcos.

La pérdida de las colonias, y muy especialmente de Cuba, provocó una profunda crisis de identidad, social, política y cultural en España, dando paso a una época en la que manifestaciones culturales, como la Generación del 98 o el Regeneracionismo, se vieron marcados por la crisis y el contexto histórico, tratando entre otros temas la “Pérdida de personalidad histórica” de España.

La independencia de Cuba fue un factor clave de la aparición de nacionalismos  en España como el vasco, el catalán y el español.

 

Este vídeo explica todo sobre la Guerra de Cuba

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