Altamira, crónica de una revelación

Altamira, crónica de una revelación

 

Ahora que se estrena la película “Altamira“dirigida por Hugh Hudson e interpretada por Antonio Banderas, que reivindica la figura de  Marcelino Sanz de Sautuola; yo también quiero poner mi granito de arena, ya que pienso, como muchos otros, que fue un descubrimiento muy importante y que como siempre no aceptaron otros países que nosotros fuésemos por delante en ningún avance y nos ningunearon. Tampoco nuestro país se salva, ya que como siempre nadie es profeta en su tierra. Menos mal que el tiempo hace que la razón salga a flote…

Todo comenzó un día de 1868 en el que un hombre llamado Modesto Cubillas o mas exactamente Modesto Cobielles Pérez, tejero de profesión, y por encargo de Marcelino Sanz de Sautuola realizó diversos trabajos en fincas de su propiedad, tales como una poda de árboles efectuada en 1861.salió al campo a cazar con su perro. El animal perseguía una presa cuando se quedó atrapado entre unas rocas. Su dueño fue a rescatarlo y descubrió que detrás de unos matorrales, se escondía la entrada de una cueva que a simple vista parecía bastante grande. No le dio gran importancia, salvó al perro y se fue por donde había venido. Al llegar al pueblo contó lo sucedido. Llegó a oídos de todos en Santillana del Mar (Cantabria) que existía una cueva que hasta el momento les era desconocida.

En 1882 figuraba como rentero suyo de unos terrenos de praderío. En septiembre de 1881, dirige un escrito a Su Majestad. el Rey Alfonso XII, en el que se dice labrador pobre, vecino de Puente Avíos, del Ayuntamiento de Ongayo (Cantabria), manifestando que si la cueva tiene o no algún mérito él fue “el primero que la vio en la edad presente”, solicitando algún socorro si se le considera merecedor de ello.

La noticia también llegó a oídos de Marcelino Sanz de Sautuola y de la Pedrueca de boca de Modesto, que trabajaba para él, y en 1875 visitó por primera vez la cueva. El señor Sautuola, un hombre rico que tenía tierras por allí cerca, era entusiasta de la arqueología; le gustaba ir a investigar las grutas de la comarca con el propósito de encontrar antiguos fósiles.

Tres años más tarde asistió a la Exposición Universal que se celebraba en París, en la que entre otras cosas. presentaron la construcción de la Torre Eiffel para ese evento y que luego la conservaron hasta nuestros días. Allí conoció de primera mano algunos objetos prehistóricos hallados en cuevas del sur de Francia, donde se excavaba desde hacía años en busca de los más remotos tiempos de la humanidad. Sautuola, que ya tenía una amplia formación en Ciencias Naturales y en Historia, regresó a España con una visión renovada y decidido a comenzar sus propios trabajos en las cuevas de Cantabria.

Volvió a Altamira, acompañado por su hija, María, y será la niña la primera en ver las famosas pinturas policromas. En 1879 decidió explorar esa nueva cueva porque presentía que allí tenía que haber algo interesante, así que un día se fue con su hija de ocho años, con la esperanza de encontrar huesos o algún objeto enterrado de la Prehistoria. Mientras el padre cavaba la tierra y examinaba unos utensilios que acababa de desenterrar, la niña María Sanz de Sautuola, la única hija de Marcelino, se fue a corretear por allí. Vio que había unas pinturas en el techo y gritó: “¡¡ Mira papá, bueyes!!”. Marcelino le respondió: “no son bueyes, ¡son bisontes!”. Inmediatamente los relacionó con la prehistoria y el hombre del cuaternario.

Sobre María Justina Sanz de Sautuola tenemos muy pocos datos; los historiadores la mencionan en dos episodios significativos de la historia de la cueva de Altamira, el día del descubrimiento de las pinturas, y el día que reconocieron la autenticidad de las mismas por parte de la comunidad científica internacional.

María vivió en un ambiente culto, en una casa con una gran biblioteca y un gabinete con colecciones de ciencias naturales que su padre, abogado de profesión, fue coleccionando en sus estudios de historia y botánica.

La niña acompañaba en ocasiones a Don Marcelino en sus paseos por el campo y en sus exploraciones arqueológicas. Pasaría también temporadas en su casa de Santander, donde podía divertirse en la ciudad: jugar en el parque, pasear por las calles, visitar librerías donde comprar libros con dragones y princesas, ir al circo o veranear en  la playa.

María vio bueyes donde su padre después identificaría bisontes. Estos grandes bóvidos ya habían desaparecido entonces del entorno natural, pero ella estaba acostumbrada a ver toros y bueyes en los prados de Cantabria.

Los Sanz de Sautuola vivían en Puente San Miguel, en un caserón rodeado de un enorme jardín en el que Don Marcelino fue cultivando árboles, plantas y flores de todas las partes del mundo. Muchos de ellos aún se conservan y los cuidan sus descendientes hoy en día.

En aquella época lo tradicional es que las niñas no asistiesen a la escuela con los niños, y las familias acomodadas con asiduidad contrataban a un tutor particular que instruyera a las niñas en casa en la lectura, escritura, en sumar y restar, historia, además cómo comportarse en sociedad y los hábitos de buena educación.

Podemos imaginar a María corriendo y jugando en el jardín de su casa, con sus peonzas y sus recortables de animales y árboles imitando el trabajo de su padre. Quizá su padre le trajera una muñeca de su viaje a París parecida a la diseñada por Emile- Louis Jumeau, que ganó el primer premio en la Exposición Universal que Don Marcelino visitó allí en 1878.

Marcelino Sanz de Sautuola realizó en 1879 “rebuscas en el vestíbulo”, de la cueva de Altamira descubriendo cuantiosos objetos de sílex, hueso y asta, colorantes, restos de fauna y conchas que le sirvieron para fijar la edad paleolítica de las famosas pinturas policromas.

En 1.880 publicó el descubrimiento en el folleto “Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la Provincia de Santander”, atribuyendo las pinturas a la prehistoria, al periodo paleolítico. A pesar su genial análisis, sus coetáneos, desde diferentes aspectos intelectuales, evolucionistas, creacionistas o los incrédulos prehistoriadores del momento, fueron incapaces de asumir su planteamiento. Sautuola dató las pinturas en el Paleolítico Superior, periodo magdaleniense. La élite de prehistoriadores franceses se le lanzó encima culpándole de embustero por decir que eran tan antiguas y le llegaron a acusar de haberlas pintado en ese momento.

Emìle Cartailhac fue uno de estos prehistoriadores que criticó y atacó con saña a Marcelino afirmando que el hombre prehistórico no tenía la técnica suficiente para efectuar unas pinturas tan perfectas como las de Altamira, además, el colorido no podía ser tan nítido después de tantos años. Sólo un científico defendió la tesis de Marcelino sobre la antigüedad de las pinturas, fue el geólogo español Juan Vilanova.

Ni la ardiente defensa de Vilanova en el Congreso Internacional de Antropología y Arqueología, celebrado en Lisboa en 1880, ni el afán de Sautuola evitaron la descalificación de Altamira. Pero un reputado humanista y político liberal sevillano, Miguel Rodríguez Ferrer, publicó un artículo en la prestigiosa revista La Ilustración Española y Americana (1880), avalando la autenticidad de las pinturas y resaltando su inmenso valor.

Giner de los Ríos, como director de la Institución Libre de Enseñanza, encargó un estudio al geógrafo Rafael Torres Campos y al geólogo Francisco Quiroga, quienes emitieron un informe desfavorable, que publicaron en el boletín de la institución.

Marcelino y Juan de Vilanova sufrieron considerablemente las burlas y ataques de los científicos franceses y algunos españoles. Altamira quedó en el olvido.

La oposición se hizo cada vez más generalizada. En España, en la sesión de la Sociedad Española de Historia Natural del 1 de diciembre de 1886, el director de la Calcografía Nacional dictaminaba que:

(…) tales pinturas no tienen caracteres del arte de la Edad de Piedra, ni arcaico, ni asirio, ni fenicio, y sólo la expresión que daría un mediano discípulo de la escuela moderna (…).
Eugenio Lemus y Olmo.

Veinte años después del descubrimiento de Altamira comienzan a encontrar varias cuevas con pinturas rupestres similares en el sur de Francia. Ya no es posible negar lo evidente: los bisontes de Altamira son auténticos y fueron realizados por el hombre prehistórico en el Paleolítico Superior. Pero para Marcelino ya era muy tarde, había muerto hacía algún tiempo y el reconocimiento llegaba con retraso.

En 1902, el sacerdote Henri Breuil descubrió Altamira, probando con sus escritos la veracidad del hallazgo y arrastrando la opinión de antiguos opositores. La reputada opinión del abad Breuil en Prehistoria hizo que Cartailhac reconociera su error. En 1902 el  francés Émile de Cartailhac publicó “Les cavernes ornées de dessins. La grotte d’Altamira, Espagne. Mea Culpa d’un sceptique”, donde, de forma elegante y caballerosa, reconoce su error y honra la figura de Marcelino Sanz de Sautuola.

A partir de este momento, la cueva de Altamira adquirió reconocimiento universal, convirtiéndose en un icono, en el destino de quienes querían conocer el origen del hombre.

La cueva de Altamira se encuentra en la región central de Cantabria, en los límites de los términos municipales de Santillana del Mar y Reocín. El paisaje es suave hacia el norte, formado por pequeñas sierras litorales, el recorrido bajo del río Saja y la llanura litoral. Al sur hay fuertes relieves montañosos y al fondo los Picos de Europa.

Situada en el lateral de una pequeña colina calcárea de origen pliocénico, con la entrada a 156 metros sobre el nivel del mar y a unos 120 metros de elevación sobre el río Saja, que pasa a unos dos kilómetros. En la época de las pinturas de la Gran sala, la cueva se encontraría 8 o 10 km más al interior que en la actualidad, que está a 5 km, ya que el Cantábrico tenía un nivel inferior. Esta situación debió ser privilegiada para los cazadores ya que les permitía dominar un extenso terreno y disponer de refugio de forma simultánea.

A unos pocos kilómetros se hallan otras cuevas con ocupaciones humanas y arte rupestre del Paleolítico superior como La Clotilde, Peña Caranceja, Las Brujas, Las Aguas, El Linar y Cualventi, entre otras.

El primero que excavó en profundidad y extensión fue Hermelio Alcalde del Río, un arqueólogo español, Director de la Escuela de Artes y Oficios y Alcalde de Torrelavega, en 1903. Mencionó dos niveles consecutivos, el inferior y más antiguo, de época Solutrense y el superior, más reciente, del Magdaleniense.

Las dataciones por C14AMS (datación por radiocarbono 14) permitieron, en 2006, redefinir la ocupación humana de la cueva y distinguir ocho niveles, desde el Magdaleniense medio hasta el Gravetiense, hace 22.000 años. Esta mayor antigüedad explica que una parte del arte rupestre de Altamira tenga unas características artísticas correspondientes a las fases antiguas del arte paleolítico.

Entre 2008 y 2010 se ha excavado en el yacimiento debajo del derrumbamiento, sacando a la luz un nivel del Magdaleniense inferior que aportó un objeto singular de arte mueble, un omóplato grabado con una cabeza de cierva. Además, esta actuacion permitirá reconstruir la forma y dimensiones de la cueva que tenía anteriormente al derrumbe.

La cueva de Altamira es un testimonio de las maravillas del arte rupestre. Fue pintada durante la Edad de Piedra, específicamente en el período que conocemos como Paleolítico Superior. Se cree que esta cueva empezó a ocuparse hace 35.000 años y durante miles de ellos, diferentes artistas que permanecieron allí dentro, fueron pintando sus techos y paredes. Hace unos 13.000 años la entrada se derrumbó y nadie volvió a entrar en ella hasta su descubrimiento. Esto permitió que las pinturas se conservaran casi intactas hasta nuestros días. La cueva no es demasiado grande pero se divide en varias partes.

 

Cerca de la entrada es donde sus habitantes estaban la mayor parte del día ya que era el único lugar iluminado por la luz del Sol. Allí cocinaban, fabricaban armas y utensilios para su vida diaria,etc. Si nos adentramos en la profundidad de La cueva de Altamira, hay otras salas donde está sumamente oscuro y a las que sólo se puede acceder con luz artificial. En esa época, el ser humano ya era capaz de crear fuego. En los lugares más escondidos, es donde surgen decenas de animales salvajes en techos y paredes: Caballos, ciervos, jabalíes…

La parte interna de la cueva está completamente oscura así que utilizaron lámparas de tuétano para poder pintar. Estas lámparas eran como unas velas que fabricaban con la grasa obtenida de los huesos de los animales que dan una luz penetrante y limpia y no ennegrecen las paredes.La sala más imponente de todas se conoce como Sala de los Polícromos, el animal protagonista es el bisonte.

Para pintarlos utilizaron lo que tenían más a mano, como piedras afiladas marcando el contorno en negro para grabar la imagen en la roca con carbón vegetal, machacaban el carbón y otros minerales que después mezclaban con agua o grasa animal; de este modo fabricaban pintura de diferentes colores.

El color ocre o amarillo se conseguía a partir de óxido de hierro en polvo.  Manejaban los dedos, las manos, tampones de materia vegetal , e incluso soplaban pintura (aerografía) a través de pequeños huesos de ave huecos para que saliera despedida contra la piedra como si se tratara de una cerbatana. La humedad natural de la cueva fija y mantiene la frescura de los colores.

Los animales simbolizados son bisontes, renos, mamuts, caballos, ciervos, cabras, etc. Algunos ya están extinguidos en Europa porque eran propios de un clima frío. En Altamira especialmente, los bisontes son el animal más numeroso y aparecen de pie, mugiendo, echados, con la cabeza vuelta, etc. Casi todos están agrupados en el espectacular techo de 18 por 9 metros.

El artista los pinta muy realistas, con muchos detalles (hocico, ojos, cuernos, pelaje, sexo, pezuñas, rabo, etc.), conoce muy bien su anatomía y comportamiento ya que los caza para comer. En un exhibición de delicadeza, el pintor aprovecha los salientes naturales de la roca para pintar encima los bisontes y lograr un gran realismo, con el efecto de relieve que se produce. Parece que están en 3D. Además de los bisontes, Altamira cuenta con caballos, jabalíes, cabras y una monumental cierva de 2,25 metros.

Muchos de estos animales tienen armas clavadas o les faltan partes de sus cuerpos (en Altamira hay bisontes sin cabeza); sería tal vez una especie de vudú para favorecer la caza y de su éxito dependía la supervivencia del clan.

Hay también signos misteriosos en las paredes de las cuevas de los que desconocemos su significado , podrían ser trampas, laberintos o insinuaciones sexuales a la fertilidad y fecundidad. Otro motivo pictórico son las manos en positivo o en negativo (poner la mano sobre la pared y pintar encima, al quitarla queda el negativo).

El techo de polícromos de la cueva de Altamira tenía originalmente una altura de 1 metro sobre el suelo, el artista trabajaría por tanto en incómodas posturas.

Los dibujos no plasman escenas sino que son animales independientes y a veces superpuestos. Casi no aparece la figura humana. No se simbolizan movimientos, las figuras son muy realistas y cada cueva muestra cierta especialización en una determinada especie. Las figuras están en lugares apartados y recónditos. Todo revela que las cuevas eran como santuarios dedicados a ritos mágicos para propiciar la caza. Probablemente el brujo era el propio pintor.

Antes del hallazgo de La cueva de Altamira se pensaba que el hombre prehistórico era bruto, salvaje e incapaz de crear una obra artística, pero tras descubrirse la belleza y calidad de estas pinturas, se llegó a la conclusión de que este humano primitivo ya poseía una sensibilidad y una técnica sorprendentes.

Desde que en 1910 el Ayuntamiento de Santilla del Mar creó una Junta de Conservación y Defensa de la Cueva la forma de protegerla ha pasado por distintas fases: apertura al público en 1917, ya con guía; en 1924 fue declarada Monumento Histórico Artístico; un año después se nombró una Junta para mejorar las condiciones de conservación; 1940 fue el año de la puesta en marcha del Patronato de la Cueva de Altamira; en 1977 se cerró por primera vez después de un estudio y en 1982 se reabrió de forma limitada, para 8500 visitantes anuales; 1985 fue el año clave del reconocimiento mundial al ser nombrada Patrimonio de la Humanidad; y en 2001 se abrió el Museo y réplica junto a la original, aunque no se ha cerrado el debate de la visita al original. La visita de miles de personas altera el microclima de la cueva (humedad y temperatura) y estropea las pinturas.

La buena noticia es que, muy cerca está el Museo de Altamira, y en él han construido una réplica exacta que te permitirá disfrutar y aprender muchas cosas interesantes sobre la Obra de Arte prehistórica más importante del mundo. La “neocueva”, réplica exacta de la original permite sumergirse en el Paleolítico sin comprometer la obra original. La “Capilla Sixtina del arte cuaternario” queda así preservada. Picasso dijo: “después de Altamira todo es decadencia” refiriéndose a la perfección técnica alcanzada en la cueva; Rafael Alberti, impresionado a su vez al visitarla, le dedicó unos hermosos y sentidos versos.

La creación del Museo de Altamira, dependiente del Ministerio de Cultura de España, y su inclusión en la Lista del Patrimonio Mundial por la UNESCO confieren el marco de protección a este Bien de Interés Cultural de la Humanidad.

El Museo de Altamira conserva colecciones arqueológicas o paleontológicas procedentes de diferentes yacimientos cantábricos, incluyendo los de la propia cueva de Altamira (desde 1878 hasta 2010), los de la cueva de Las Estalactitas, de la Edad del Bronce, y del yacimiento al aire libre de los Alrededores de Altamira, constituida por utensilios del Paleolítico inferior.

También forman parte de la colección estable, los fondos de otras cuevas cantábricas como El Castillo, Las Monedas, Morín, Rascaño, Salitre, Chufín, El Juyo, La Pila, o de yacimientos al aire libre como el de las canteras de Cuchía, entre otros y, recientemente se han incorporado algunos objetos singulares de la Prehistoria de América.

Además, el Museo de Altamira es depositario de objetos y colecciones de otros Museos Estatales como el Museo Nacional de Ciencias Naturales, el Museo Nacional de Antropología, el Museo de América o Museo Arqueológico Nacional; también ha recibido depósitos de museos de otras titularidades como el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria; del Museo Municipal de Bellas Artes de Santander; del Museo de Prehistoria de Valencia o de la cueva de Isturitz (Francia).

Otras cuevas con pinturas rupestres paleolíticas son Tito Bustillo (Asturias), El Castillo (Cantabria), Santimamiñe (Vizcaya), Niaux, Lascaux y Rouffignac (Francia).

Altamira, a quien Henri Moore llamó en 1934 La Real Academia del Arte Rupestre, la que inspiró a los artistas de “La Escuela de Altamira”, a Miró, Tapies, Millares, Merz o a Miquel Barceló, quien escribió de su arte: Cuando visité por primera vez Altamira pensé, ha sido como volver al origen, que es el sitio más fértil. Creer que el arte ha avanzado mucho desde Altamira a Cézanne es una pretensión occidental, vana.

En 1965 fue creado el personaje de ficción y serie de historietas humorísticas  Altamiro de la Cueva, que daba nombre al tebeo del mismo nombre, donde se narraban las aventuras de un grupo de hombres prehistóricos de las cavernas, mostrados como gente moderna pero vestidos en taparrabos. Personajes creados en 1965 por Joan Bernet Toledano y Carles Bech para la revista española TBO. La banda de rock Steely Dan compuso una canción titulada The Caves of Altamira en su álbum The royal scam (1976).

Algunas de las pinturas polícromas de la caverna son estampas bien conocidas dentro de España. El logo utilizado por el gobierno autonómico de Cantabria está basado en uno de los bisontes de la cueva como promoción turística. El bisonte también ha sido usado por la marca de cigarrillos Bisonte, y es desde 2007, uno de los Tesoros de España. En 2015, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de España emitió una moneda conmemorativa de dos euros de su serie del Patrimonio Mundial de la UNESCO con la figura de un bisonte de Altamira.

En 2016 se estrena la película Altamira, dirigida por el británico Hugh Hudson y protagonizada por el actor español Antonio Banderas, en donde se cuenta la historia del descubrimiento de la cueva.

Como anécdota quiero contar, que Emilio Botín el banquero, se llamaba Emilio Botín-Sanz de  Sautuola García de los Ríos. Era biznieto de Marcelino Sanz de Sautuola y nieto de María Justina Sanz de Sautuola, descubridores de la Cueva de Altamira.

Fotografías de Altamira

Trailer de la película Altamira

 

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