El velatorio del Angelito o Vetlatori del Albaet

El velatorio del Angelito o Vetlatori del Albaet

Pintores, caminantes, escritores, y cronistas en algunas ocasiones, cuando anduvieron por tierras del Levante español, hablaban de un insólito ritual mortuorio que se hacía en las casas donde moría un pequeño albaet, palabra con la que se llamaba al fallecido cuando era un niño o niña menor de siete años.

Al parecer, era de lo más frecuente en los pueblos del Mediterráneo, empezando en Castellón y llegando hasta Murcia, aunque, según el historiador Rafael Altamira, también pudo darse entre los extremeños y canarios, y en tiempos mucho más lejanos, en el centro y sur de España. Él lo llamaba “el baile de los angelitos”. En aldeas de Segovia, en que las exequias de un niño menor de siete años se acompañaba con música de tono alegre ejecutada con tambor y flauta.

De la mano de los conquistadores pasa a América. Allí su gran dispersión  desde México a la Argentina, dentro del marco de culturas etnográficas autóctonas, de pueblos de negros, como así también de sociedades criollas y mestizas, nos conduce a pensar que se aceptó al fusionarse con muchas de las creencias que ya existían y que coincidían con la mentalidad de los españoles. En este sentido, no debemos olvidar que la España del momento del descubrimiento del Nuevo Mundo, no se había desprendido aún de las costumbres  medievales, contrariamente a los aires de cambio que llegaron de la mano del Renacimiento en el resto de la Europa del siglo XV.

El vetlatori y la dansa del albaet, cuya existencia se registra hasta la Guerra Civil Española en toda la región valenciana, constituye una excepción. El registro del velorio del angelito americano con el clásico componente del baile de pareja, se constituye en el correlato en tierras americanas del ritual.

La antropóloga Maricel Pelegrín decía que el origen de este funeral podía tener relación con la presencia de los árabes en territorio español. Cuando moría un albaet, la Iglesia tocaba toc a mort o sea a muerto. Repiqueteaba un toque de campanas fúnebres que avisaba a los vecinos de que había muerto un niño.

Como prevalecía la creencia que los niños morían sin haber pecado por su corta edad, la idea era que se iban directamente al cielo convirtiéndose en angelitos que intercederían por todos los parientes y amigos. De ahí que el toc a mort era un tañido de alegría y no el característico redoble de campanas como cuando desaparecía un adulto.

En algunas partes de España, a este toque de campanas se le nombraba mortichuelo, o mortijuelo, aunque esta misma palabra podía usarse también en otros lugares del país para describir el entierro de un infante o al retrato post-mortem del mismo (Este retrato se hacía a los difuntos, porque a veces no tenían otro en vida y era propio del siglo XIX).

EL RITUAL

Se amortajaba al niño con una túnica blanca que como podemos comparar es muy parecida a la de los árabes, le colocaban una corona de flores en la cabeza, lo vestían todo de blanco, y el lugar elegido para velarlo se convertía en un altar de pureza y lechos llenos de flores.

Se cubría la pared de la cabecera del cadáver con una sábana en cuyo centro se estampaba la imagen de la Mare de Déu (Virgen con el Niño) o del Ángel de la Guarda. También la tarima y el ataúd debían ser blancos, como blancas eran las flores con las que se cubría su cuerpo sin vida.

En contraste con tanta blancura, brillaban los labios y mejillas que se le pintaban al cuerpo con carmín, para disimular la palidez que la muerte da a los semblantes. En cada esquina, cuatro velas alumbraban la noche de cantinela y baile que estaba a punto de iniciarse.

Ya estaba todo listo para “la dansa del velatori”, en la que tres parejas danzaban durante toda la noche, al sonido de bandurrias y guitarras, entonando coplas en las que se inducía al baile y se convencía a los asistentes a alegrarse por la suerte del albaet, que ya había dejado de sufrir.

Los danzantes iban entrando y saliendo, relevandose en la tarea, dependiendo del aguante de cada cual. Por lo visto se trataba de un auténtico evento social, en el que los jóvenes de ambos sexos se encontraban e incluso aprovechaban para conocerse.

Se cantaban las siguientes coplas:

La danza del velatori
Dones vingau a ballar
Que és dansa que sempre es balla
Quan s’ ha mort algú albat.

En esta casa s’ ha mort
Un angelet molt polit;
Ploreu, xiquets per ell,
Que ja ha acabat de patir

La danza del velatorio
mujeres venid a bailar
que es danza que siempre se baila
Cuando se ha muerto un angelito.

En esta casa se ha muerto
un angelito muy bien vestido
/no/ lloren, chicos por él,
que ya ha acabado de sufrir

En América antiguamente los entierros de angelitos, tenían peculiares características:

En México el cura vestía ropas blancas, se decía el Gloria Patri y se difundía la noticia con un repique de campanas en lugar del doble de los adultos. Al infante muerto se lo vestía con ropa corriente, colocándosele en la cabeza una guirnalda de flores o de hierbas aromáticas como señal de virginidad. Era frecuente que se decorara el ataúd con colores y tafetán. En todo el ritual estaba presente un clima festivo, de alegría que se manifestaba en la explosión de cohetes, los repiques de campanas y música. La fecha cristiana para honrar a los muertos el 2 de noviembre, sufrió una modificación en tierras aztecas, celebrándose el día 31 de octubre la de los angelitos, el día 1º de noviembre la de los adultos y el 2 la de los Fieles Difuntos. Esta influencia también se registra entre los mayas de Yucatán.

En Argentina era un velatorio alegre en el que se danza, se bebe aloja y se come algarroba. Allí el angelito es transportado al cementerio a caballo, colocándolo por delante de la montura, mientras el jinete lo va sosteniendo. Durante la novena que sigue al entierro, pesa sobre los padres un tabú de abstinencia sexual, en la creencia que si la mujer quedara en esos momentos embarazada el hijo se moriría en el vientre.

En Chile, aparte del nombre dado a estos pequeñines, y de los acostumbrados velatorios y ceremonias cristianas, se le organizaban una especie de fiesta, a pesar del dolor de la familia, el niño muerto partía directamente al cielo, por su estado de inocencia. Lo importante era que no se le debía llorar, ya que le haría mal al alma del difunto. De ese modo, entre tragos de licor, comida y juegos, los cantantes componían versos y cantos en honor del muertito. Un excelente ejemplo de esto es el Rin del Angelito que hizo popular Violeta Parra. Cuando los padres no podían correr con los gastos, eran auspiciadas por dueños de cantinas.

En Latinoamérica, también se hacían diversas procesiones y tradiciones respecto a ellos:

Catamarca. En esta provincia argentina, antiguamente el 15 de Agosto (Tránsito de la Virgen) se vestía a los niños de ángeles e iban a pedir dinero a las casas de la gente adinerada, diciendo: “Angeles somos, del cielo bajamos, rosquetas traímos, platita queremos. ¡Ave María!”

En Argentina, en la provincia de Corrientes, el primer día de Noviembre los niños hacían una procesión muy similar a la anterior. Se hacía esto, porque se creía que ese día los niños muertos volvían a visitar a sus padres en persona de los que salían a pedir monedas o dulces. Se anunciaban con estas palabras: “Angelestomos (ángeles somos) bajados del cielo a pedir limosna, coleción, coleción, la bendición”. Los dueños de casa los hacían rezar (para comprobar si eran ángeles efectivamente), y luego les daban golosinas. Para retirarse, los niños decían: “Esta casa es de rosas, donde viven las hermosas”. Si no les daban nada, gritaban a coro: “¡Esta casa es de espinas, donde viven las mezquinas!!”

Honduras. En ese país se realizaba una llamada “Procesión de Angelones”, los 1º de Noviembre. donde adultos y muchachos, guiados por un sacristán que enseñaba el Rosario, marchaban tristemente por las ciudades pidiendo limosnas para las almas en el purgatorio, al grito de “Angeles somos, del cielo venimos, a pedir para el sacristán…”. Iban a las casas a pedir las limosnas. A los generosos que ayudaban les decían: “Estas puertas son de cedro y las almas en el cielo…”. Si algunos no querían dar, o salir, decían: “Estas puertas son de hierro y las almas del infierno…”

En Puerto Rico, los angelitos se arrendaban o se prestaban para seguir la fiesta hasta no soportar el hedor.Las lágrimas o el agua no deberían mojar las alas del angelito porque le impediría volar al cielo, se recogen en coplas cantadas:
“Cuando muere un angelito, en la tierra santiagueña no se llora, se baila. Las lágrimas podrían mojar sus alitas e impedirle volar hacia las alturas. “
No lo llores madre
no lo llores mas,
que ese angel tiene
las alas mojá.

(Copla popular de velorio
en Puerto Rico.)

En diferentes regiones de Colombia el velorio se conoce como bundé de angelito, chigualo, gualí, mampulorio, angelito, velatorio, angelito bailao, o muerto-alegre.En Barlovento, Venezuela también se conoce como mampulorio, y chigüalo también se le dice al velorio de angelito en el Ecuador. En Haití, y la República Dominicana, y en Cuba, al velorio de angelito, se le llama baquiní. En cada una de estas regiones los cantos se acoplan con los géneros musicales, ritmos, e instrumentos de la localidad.

“El Baquiné es una modalidad del rosario cantao que celebran en ocasión de la muerte de un niño de color. Se le llama florón cuando el difunto es un niño blanco. La ceremonia es mas festiva que devota. Se inicia en las primeras horas de la noche y se prolonga hasta el amanecer… La siguiente es una estampa de baquiné muy familiar: El angelito yace en una mesa cubierta con sábanas blancas y muy limpias. Si es una niña, además de empolvada, la criatura lucirá cosméticos en su faz. para lo demás, no importa el sexo, lo mismo a una niña que a un niño muerto, lo adornarán con flores de pies a cabeza. Lleva siempre en la boca un clavel rojo o blanco o un siempre-viva. A veces le ponen una corona de flores blancas en la cabeza.

Los familiares en último caso confeccionan la cajita mortuoria de madera o de cartón forrado con papel crepé en colores. La noticia de que se va a celebrar un baquiné se esparce por un barrio con rapidez pasmosa. Contribuyen a ello el grupo de baquineros profesionales que en cada comunidad parecen estar alertas como “hombres” al minuto para la fiesta. Por lo general, gran parte de la gente que asiste a la ceremonia lleva flores; por eso el recinto cobra un curioso aspecto de pensil policromado donde hay jazmines, dalias, rosas, azucenas, etc .”

Estos fundamentos mágico-religiosos vienen de la institución del mito cristiano y a otros mitos religiosos parecidos, que establecen la existencia de otra vida después de la muerte, una vida eterna en un paraíso, y que en ese paraíso habita Dios acompañado de ángeles, divinidades, seres sagrados, y espíritus buenos a los cuales le podemos rezar solicitándoles favores para que nos ayuden a combatir los males que nos acosan, incluyendo enfermedades, mal de ojo, brujería, y otros males diabólicos que pueden causar daño físico, o la muerte. Y ahora con un angelito en el cielo, hay una verdadera razón para celebrar, ya que la familia y la comunidad cuenta con un recurso directo sagrado, un ángel de la familia y la comunidad.

Galería de fotos

Vídeo ejemplo del velatorio del angelito

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