Trovants, las piedras vivas

Trovants, las piedras vivas

Trovants es una denominación geológica que se da en Rumanía a unas piedras. Significa arena cementada.

El nombre fue introducido por el naturalista rumano Gh. M. Murgoci en su obra “El Terciario en Oltenia“.

En Costesti, un pueblo de Rumanía hay unas piedras que crecen y se mueven como si estuviesen vivas.

Creen que fue debido a una actividad sísmica ocurrida hace unos 6 millones de años, lo que pudo dar lugar a la creación de los primeros trovants.

Estas rocas crecen al entrar en contacto con una lluvia fuerte. Al llover crecen otras rocas mas pequeñas pegadas a estas mas grandes lo que da lugar a que las llamen piedras crecientes.

Cuando se cortan, tienen la particularidad de que se parecen a los troncos de los arboles con un núcleo rodeado de varios anillos.

Se cree que el núcleo está rodeado de arena y sales minerales y al llover hace que la piedra se haga mas grande o le salgan otras mas pequeñas pegadas a ellas.

Los habitantes de estas tierras no eran conscientes anteriormente de estos fenómenos y se utilizaban estas piedras para construcción e incluso para fabricar lápidas.

Al descubrir estas propiedades en las piedras se convirtió en una atracción turística y en 2004 fue inaugurada “Muzeul Trovantilor” o “Trovants Museum Natural Reserve”. La Reserva Nacional de Trovants Museo actualmente se encuentra protegida por La UNESCO.

Hay algunos habitantes que han “plantado” trovants en su jardín para ver como crecen.

Los científicos no han explicado cual es la razón de que suceda este fenómeno, pero WhenOnEarth dice:

“{…} cualquier forma de agua rica en carbonato de calcio es esencial en la formación de un Trovant, y que también es la clave para hacer crecer la roca ‘en presencia de agua de lluvia. Absorben los minerales de la lluvia. Los minerales se combinan con los productos químicos ya presentes en la piedra que más tarde crea una reacción y presión en el interior. La presión espontáneamente hace que la roca crezca desde el centro a sus márgenes y se multiplique, con una tasa de deposición de aproximadamente de 4-5 cm en 1000 años. “

En el Congreso Geológico Internacional de Oslo en 2008, estas rocas fueron consideradas erróneamente como “concreciones de arenisca”.

Se pueden encontrar piedras similares en Rusia, Kazajistán, República Checa y en otros lugares.

Estas piedras se deslizan varios metros, pero hasta ahora no se sabía el porqué.

Existen también piedras deslizantes en el Parque Nacional del Valle de la Muerte (Death Valley National Park). Es un parque nacional de los Estados Unidos localizado al este de Sierra Nevada, en el estado de California, aunque también se extiende en una pequeña parte en el estado de Nevada.

En los años 40 se descubrió que estas piedras que pesaban hasta 320 kilos dejaban un rastro como si reptaran.

Los expertos decidieron supervisar las rocas de forma remota instalando una estación meteorológica de alta resolución con la que medían las ráfagas de viento a intervalos de un segundo. También pusieron unidades de GPS que se activaban con el movimiento.

Era muy aburrido y tedioso esperar para ver algún avance en las investigaciones que empezaron en 2011, pero en 2013 al llegar al Valle descubrieron que la playa Racetrack estaba cubierta por un estanque de agua de unos 7 centímetros de profundidad.

Las rocas ante esta situación empezaron a moverse. Vieron que había agua que al ser lo suficiente profundo en las noches frías de invierno se formaba hielo que al derretirse y romperse en grandes paneles flotantes, acompañados por el viento empujaba las rocas dejando un rastro de barro blando debajo.

Las rocas se movieron sólo unos entre 2 y 6 metros por minuto, una velocidad que es casi imperceptible a distancia y sin puntos de referencia estacionarios.

En uno de los casos los investigadores observaron rocas que viajaron más de 60 metros antes de detenerse y algunas que fueron desplazándose por etapas, moviéndose varias veces antes de llegar al final.

Los rastros que dejan varían unos de otros. Las piedras pueden viajar en paralelo hasta que alguna de ellas se desplaza en otra dirección.

En España en 2013 se descubrieron trazas similares a las de Racetrack en una laguna efímera llamada Altillo Chica en La Mancha (Lillo, España)-una reserva natural junto a las lagunas de El Longar y Altillo Grande-.

Las trazas describen una trayectoria serpenteante desde el interior de la laguna hacia la orilla y finalizan en rocas que pueden superar los cinco kilos de peso.

Sanz Montero y Rodríguez Aranda geologos de la Universidad Complutense de Madrid desarrollaron un modelo alternativo sin la intervención del hielo, ya que las temperaturas que se registran en el área durante el invierno no son lo suficientemente bajas ni duraderas como para helar el agua salobre de las lagunas.

“Nuestra hipótesis es que se mueven durante el invierno, cuando se producen tormentas acompañadas de fuertes vientos”, explica María Esther Sanz, una de las autoras. “El viento es capaz de originar corrientes de agua de hasta dos metros por segundo, que serían las verdaderas responsables del deslizamiento de las rocas”.

Un nuevo estudio confirmó que las trazas se forman en el humedal manchego por la acción de las fuertes corrientes que se generan en el agua cuando el viento sopla con intensidad.

A pesar de que el espesor de la lámina de agua es muy reducido (2-3 cm) y el fondo de las lagunas es muy plano, se han medido velocidades en la corriente de agua de 2 m/s para vientos moviéndose a 14 m/s.

Estas corrientes de agua producen numerosas estructuras de erosión y socavan surcos alrededor de las piedras depositadas en el fondo, especialmente en las que sobresalen del agua.

Además, el desplazamiento de las rocas cuenta con un aliado: los microorganismos. En el fondo de la laguna hay una comunidad microbiana de cianobacterias, algas unicelulares y otros diminutos organismos que segregan sustancias deslizantes.

El sedimento fangoso que generan, donde abundan las burbujas de gas, actúa como una pista de patinaje para las piedras una vez se han desprendido del suelo.

El misterioso desplazamiento de las rocas en la Reserva Natural de Lillo se ha observado ya en las tres secciones de este paraje: Altillo Grande, Altillo Chica y el Longar.

La hipótesis de las tormentas ventosas y los microorganísmos se enfrenta a la de las placas de hielo de los científicos de California.

Los científicos españoles la descartan, al menos en el caso de Altillo Chica: “Esta y otras lagunas del entorno son saladas y muy raramente se congelan (la sal baja el punto de congelación del agua)”. Estos han hablado con científicos estadounidenses que apoyan esta teoría.

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