Las Majas de Goya

Las Majas de Goya

Todavía hoy en día se estudia la verdadera identidad del personaje representado en estos cuadros de Goya.

El pintor fue un gran admirador de Velázquez y se inspiró en La Venus del Espejo para pintar estos dos retratos. Parecen obras idénticas, pero no lo son. En realidad son diferentes un cuadro del otro.

La Maja vestida es mas pequeña que la desnuda y la elaboración fue mucho más rápida y no presenta el cuidado minucioso que sí tiene el diván, la almohada y la sábana de la desnuda, la vestida está pintada deprisa y menos detallada.

Las pinceladas son pastosas y densas a diferencia de la desnuda, con una enorme perfección académica en ellas.

La posición de la cabeza se ve algo forzada en relación al cuerpo, como si su cuello no tuviera una postura natural y relajada.

En todas las obras de Goya nos encontramos con mensajes ocultos, dobles sentidos, segundas lecturas y denuncias de la situación que le tocó vivir.

Se comentó en un primer momento que la joven sería la Duquesa de Alba, que mantuvo, según algunos, un romance con el pintor en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz).

Goya retocaría la cabeza para disimular la verdadera personalidad de la protagonista y así evitar un escándalo seguro.

La polémica llegó a tal extremo que en 1945 el duque de Alba mandó exhumar los restos de su antepasada con el fin de demostrar que sus huesos no correspondían a la anatomía de la maja desnuda.

Mas tarde se dijo que podría ser Pepita Tudó, amante de Godoy (primer ministro de Carlos IV) y que Goya la habría pintado primero desnuda, pero, avisado de que Godoy estaba enterado y se dirigía hacia Sanlúcar, pintó rápidamente otra, en este caso vestida, para poder enseñársela sin provocar ninguna desconfianza.

Pedro de Madrazo, hermano de Federico, sería el primero, por lo menos de forma escrita, en disentir de esta opinión. Aunque no se sabe con qué criterio, identificó a “la maja desnuda” con Pepita Tudó, amante de Godoy en los años en que el cuadro fue pintado.

Pepita era amante de Manuel Godoy ya en 1800, pero la reina obligó a éste a que contrajera matrimonio con la princesa María Teresa de Borbón, condesa de Chinchón, en 1797.

En realidad se dice que la existencia de las dos majas podría explicarse como un juego:

Ambas compartirían un mismo marco y la vestida iría al exterior y después se podría quitar y aparecería la misma mujer pero sin ropa.

La Inquisición llamó al pintor para interrogarle y pedirle explicaciones por ese cuadro “obsceno y pecaminoso” que se suponía era la Maja desnuda. Fue prohibida su exposición pública.

Aún así Godoy tenía una pequeña colección de desnudos en un gabinete privado y en él guardó esta maja y la Venus de Velázquez.

La maja desnuda

Se sabe que la primera mención de esta obra data de noviembre de 1800, en la descripción que hizo el grabador Pedro González de Sepúlveda durante la visita que hizo al palacio de Godoy (“colgaba allí en un «gavinete interior» junto con otras Venus, “Una desnuda de Goya pero sin divujo ni gracia en el colorido”).

Es la primera vez en toda la pintura española en que se pinta un desnudo porque sí, sin excusas, sensual y provocativo. Antes se pintaba algún desnudo pero se disimulaba, como que la modelo era sorprendida vistiéndose o saliendo del baño, o bien una diosa clásica a la que se le caía la túnica y dejaba ver su anatomía.

En este cuadro el desnudo no tiene estos disimulos y Goya lo lleva más allá al mostrarnos un gesto malicioso en el rostro de la maja, ella disfruta provocando al espectador.

El centro del cuadro coincide con su pubis, que aparece, por primera vez en la pintura universal, con vello. La chica se contonea, marca sus separados senos al retraer los brazos y coloca las piernas elegantemente.

El pintor define con precisión los contornos de la mujer y la ilumina. Ella destaca sobre un canapé de terciopelo verde, complementado con una sábana y almohada con encajes.

La pincelada es detallista y precisa y los colores suaves y nada exagerados. El contraste se logra por la piel blanca y el terciopelo verde oscuro. Aparte del diván y la maja, no existe nada más, el fondo es neutro, en tonos pardos.

La maja vestida

Aparenta ser igual a la anterior pero en realidad es muy diferente y no sólo por estar vestida. El diván está muy simplificado, no apreciamos el terciopelo ni los encajes como en la desnuda.

Se destaca el talle (cintura de avispa) de la maja, realzado por las gasas de su traje. A pesar de estar vestida, es tan sensual como la desnuda.

En 1807 el rey Fernando VII le confiscó la colección de arte a Godoy y en 1808, el francés Frédéric Quilliet, encargado de redactar el inventario de la colección de Godoy, describe los cuadros de las dos majas llamándolas “Gitanas”.

En un artículo publicado por Gregorio González de Azaola, científico y erudito valenciano, en 1811 en el en el Semanario Patriótico de Cádiz se cita posiblemente también a las dos “majas” de Goya cuando dice:

“Todos los amantes de las bellas artes tienen sin duda noticia de nuestro célebre pintor D. Francisco de Goya y Lucientes, y muchos habrán admirado sus bellos techos al fresco, sus Venus y sus retratos”.

A causa de la invasión francesa, “las majas”se trasladaron al Depósito General de Secuestros, situado en el almacén que la Fábrica de Cristales de San Ildefonso tenía en la calle Alcalá de Madrid para ir más tarde a parar (noviembre de 1814) a las dependencias del Tribunal de la Inquisición.

En la descripción del inventario realizado a petición de la Inquisición en 1814, se cita:

[la que] “representa una mujer desnuda sobre una cama […] es su autor Don Francisco Goya; la mujer vestida de maja sobre una cama es también del citado Goya”.

Después del juicio de la Inquisición, “las majas” quedaron depositadas en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el 13 de abril de 1836, permaneciendo allí en dependencias privadas y fuera de la vista del público, hasta principios del siglo XX.

Hacia 1830, Javier Goya, hijo del artista, aludía en un escrito biográfico sobre su padre a “las Venus que pintó para el Príncipe de la Paz”.

Aunque no hay pruebas concluyentes se cree que estas obras hubieran podido llegar a Godoy a través de la duquesa de Alba que tras su muerte, en 1802, le legó muchos cuadros.

Además de las dos “majas” también tenía Godoy la venus de Velázquez y otras dos venus atribuidas a Tiziano, entre otras. “Las majas” de Goya se trasladaron al Museo del Prado en 1901

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Para leer mas

Goya-Majas

La maja desnuda de Goya 

 

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