Dora Maar la talentosa amante de Picasso

Dora Maar la talentosa amante de Picasso

Dora Maar fue musa y amante de Picasso, pero no solo fue eso, sino que fue una brillante publicista, fotógrafa experimental, escultora y pintora. La definen como “compleja y problemática” pero también “fuerte, inteligente y comprometida políticamente”.

Henriette Theodora Markovitch nace en París el 22 de noviembre de 1907. Fue hija de Joseph Markovitch un arquitecto croata, y Julie Vosin, una violinista francesa originaria de Tours.

Desde 1915 a 1920, la familia vivió en Buenos Aires, de ahí el buen español que hablaba.

Se formó en la Academia de André Lothe, donde conoció al fotógrafo Henri Cartier-Bresson, que era un año más joven que ella. “Fue una fotógrafa extraordinaria”, dijo de ella Cartier-Bresson. ”En su obra siempre hay algo muy sobrecogedor y algo muy misterioso”, añadió.

En 1936 mientras estaba discutiendo por teléfono con su amiga Julie, se cortó la llamada. Al día siguiente la halló muerta con el teléfono en la mano. Por eso hay pocas fotografías en la que la artista sonríe.

Se la conoció en los años 30 por sus fotomontajes, composiciones hechas con fotografías que fueron iconos del surrealismo.

“Tenía una inclinación instintiva hacia lo misterioso, lo mágico y lo sobrenatural” que plasmó, a mediados de los años treinta, en obras enigmáticas, tanto fotos como pinturas y esculturas.

Sus imágenes inquietantes y magnéticas le permitieron comenzar a trabajar en la fotografía comercial y la moda de la que fue introductora del ideario surrealista en el mundo de la publicidad.

Hacía también fotografía de calle en la que retrataba la faceta más humilde de la vida en la ciudad:

Niños jugando en la calle, ciegos, personas sin hogar…

Suyo es el inquietante Père Ubu, un supuesto feto de armadillo que se erigió en ícono del surrealismo y que se expuso a finales de 1936 en el MoMa de Nueva York al lado de obras de El Bosco, Goya y Leonardo Da Vinci.

En el año 1936, Dora Maar y Pablo Picasso se conocen en el Café Deux Magots, poco antes de que estallará la Guerra Civil española. Los presentó el poeta Paul Elouard. Ella contaba entonces con 29 años, él con 55.

Dora había vivido un infierno con el escritor Georges Bataille. Picasso vivía con la sueca Marie-Thérèse Walter, madre de Maya, aunque seguía casado con Olga Khokhlova, madre de Paulo Picasso.

El día que la conoció Picasso ella estaba jugando con una navaja que siempre llevaba en el bolso. Se la pasaba rápidamente entre los dedos, incluso cortándose. El pintor malagueño quedó embelesado y le acabó pidiendo sus guantes llenos de sangre.

Esta mujer llega a la vida del pintor en un momento en el que él estaba sufriendo un severo bloqueo creativo.

Durante esta relación de ambos que duraría unos ocho años, Dora documentaría la creación de la obra más política del pintor, el Guernica, fotografiando a pie de lienzo y ofreciendo su visión del trabajo de Picasso. Incluso le llega a meter en el mundo de la fotografía

Mas tarde Dora Maar abandona la fotografía y se pasa a la pintura cubista, llegando incluso a realizar copias de cuadros del pintor.

Picasso se sirve de la imagen de Dora para la serie “La mujer que llora”. Se consideran una especie de testimonio de la tormentosa relación entre ambos artistas.

Rompen su relación en 1943, cuando Picasso sustituyó a su aún joven amante por otra aún más joven, la pintora François Gillot (nacida en 1921).

Dora comienza a tener un comportamiento neurótico y acaba siendo ingresada en algunos sanatorio. Fue una etapa que en la que acabaría apartada de la sociedad.

Picasso le compró un caserón en la localidad francesa de Ménerbes y ella se marchó a vivir allí, cesando toda relación social.

Allí vuelve a pintar y prueba muchos estilos y técnicas diferentes. En los 80, volvería a la fotografía experimental, plasmando imágenes abstractas y fuera de la realidad, incluso hechas en un cuarto oscuro con emulsiones fotográficas.

Maar, aislada voluntariamente y viviendo en la precariedad, fue enterrada en 1997 en un sencillo funeral al que no acudieron más de seis personas.

Se había convertido en católica ferviente y legó a un monje las más de 130 obras que le había regalado Picasso.

Siempre decía:

“Después de Picasso, solo Dios”.


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