No hay moros en la costa

No hay moros en la costa

No hay moros en la costa es una expresión popular. Se usa para advertir si hay alguien que representa un peligro, o que no conviene que escuche lo que se está hablando.

Cuando la persona que está presente y puede escuchar lo que se dice es un niño, se usa otra expresión: 

¡Cuidado que hay ropa tendida!

“Moro” surge del latín maurus (oscuro), los moros invadieron la península ibérica en el año 711 y la que llamaron Al-Andalus. Permanecieron cerca de ocho siglos.

Cuando fueron expulsados después de la Reconquista, hubo un tiempo en que las costas españolas del mediterráneo fueron asoladas por piratas musulmanes.

La historia relata que, durante varios siglos el Levante español fue objeto de frecuentes invasiones por parte de los piratas berberiscos (habitantes de la región noroeste de África, entre el Mediterráneo y el Sahara).

Los Austrias en España y los Osmanlíes en Turquía querían dominar las rutas comerciales. Solimán el Magnífico promovió el desarrollo de los corsarios que asaltaban los barcos mercantiles por el Mediterráneo e incluso arrasaba las villas en el Atlántico.

Llegaron hasta Galicia e incluso a las costas de Gran Bretaña. Arrasaban poblaciones enteras y los esclavizaban para trabajar en sus minas, barcos y harenes.

Las personas que esclavizaban no regresaban a su tierra a no ser que perteneciesen a familias influyentes de la Corte.

Alguna Orden de monjes recaudaba dinero para su rescate, como sucedió con Cervantes,

Alguien luchaba por ellos como lo caballeros Hospitalarios.

Los pueblos de la costa por este motivo se asentaban a cierta distancia del mar.

Para prevenir el peligro, se levantaron a lo largo de la costa numerosas atalayas de vigilancia fabricadas en mampostería ciega, a las que se ascendía por medio de escalas de cuerda que luego eran retiradas.

Desde lo alto de esas torres se vigilaba el horizonte y cuando se avistaban las velas de las naves berberiscas, el centinela de turno gritaba:

¡hay moros en la costa!“.

Hacían sonar la campana, se encendían las hogueras de señal y la gente se preparaba para defenderse.

El sistema perduró hasta muchos años después, cuando se firmó la paz con los reyes de Berbería, pero el proverbial grito de ¡hay moros en la costa! pasó a ser expresión de uso familiar

En sentido opuesto, se usa la expresión antónima 

“¡no hay moros en la costa!”.

Se da a entender que no existe peligro inminente para una persona que debe realizar determinada tarea.


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