Felipe V “El animoso”

Felipe V “El animoso”

Este rey, era popularmente conocido como «El Animoso» porque tenía muchos cambios de humor, desarrolló comportamientos de un maníaco depresivo. Además de tener un trastorno bipolar se le añadió el delirio de negación de Cotard: «A veces se creía una rana». 

Nació el 19 de diciembre de 1683 en Versalles. Sus abuelos fueron el rey francés Luis XIV y María Teresa de Austria que era infanta de España y biznieta de Felipe IV de España de la casa de Austria. Su padre era el Gran Delfín Luis y su madre María Ana Victoria de Baviera. Felipe V es nombrado rey con diecisiete años.

Su aspecto físico era muy agradable, con una cara simpática, cabello rubio y ojos azules, con un porte atlético. Enseguida le aparecen síntomas neuróticos, con escrúpulos morales y fóbicos.

Tabla de contenido

Las monarquías europeas y sucesión a la Corona de España

Guerra de Sucesión entre dos reyes de España

Primer matrimonio de Felipe y la prohibición de las corridas de toros

La rebelión italiana y primera Regencia de María Luisa

Segunda Regencia y quema de Xátiva

Tercera Regencia

Final de La Guerra y desaparición de las Cortes y los concejos

Enfermedad y muerte de La Reina María Luisa

Inicio del brote de locura de Felipe V

Segundo matrimonio de Felipe, esta vez con Isabel de Farnesio

Tenía un trastorno bipolar

Felipe V reinó dos veces. Farinelli la cura del rey

Muerte de Felipe V. Galería de Fotos

 

 

 

Las monarquías europeas y sucesión a la Corona de España.

Ante la previsible muerte de Carlos II el Hechizado sin descendencia, las demás casas monárquicas europeas firmaron “el Primer Tratado de La Haya”, en el año 1698, lo que se conoce como “el Primer Tratado de Partición de España”.

Por este Pacto sería rey de España, José Fernando de Baviera, que se quedaría con los reinos peninsulares, salvo la provincia de Guipúzcoa, Cerdeña, Los Países Bajos españoles y los territorios americanos.

Francia se quedaría con Guipúzcoa, Nápoles y Sicilia. Austria con el Milanesado. Fue firmado por Inglaterra, Escocia, Las Provincias Unidas y los Habsburgos de Austria, por el cual se comprometían a apoyar al archiduque Carlos, formando la Gran Alianza.

Este pacto no se lleva a cabo debido a que José Fernando de Baviera fallece en 1699. Se firma “el Segundo Tratado de Partición de España”. El elegido para el trono español es el Archiduque Carlos, que era biznieto de Felipe III y se quedaría con los reinos peninsulares, Los Países Bajos españoles y los territorios americanos

Para el Delfín de Francia serían Nápoles, Sicilia y la Toscana. El emperador Leopoldo de Austria recibiría el Milanesado a cambio de ceder al Delfín de Francia, la Lorena y Bar. El emperador  de Austria, Leopoldo no está de acuerdo con esto.

El rey Carlos II El Hechizado antes de morir decide, saltándose todo lo anterior, nombrar a su sobrino-nieto Felipe, con el objetivo de que España no fuese dividida.

Muere Carlos II, el uno de noviembre de 1700 y Felipe de Anjou acepta el 16 de noviembre ser rey de España. Se convirtió en el primer Rey de la casa de Borbón en España, aunque antes tuvo que luchar para ganar en la Guerra de Sucesión española…

 

 

Guerra de Sucesión entre dos reyes de España

La guerra de Sucesión comienza en mayo de 1701 y dura hasta que se firma el tratado de Utrech en 1713. La guerra se inició en la frontera de Francia con los Estados de la Gran Alianza cuyo núcleo estaba formado por los Austracistas, que apoyaban al Archiduque Carlos.

Entre ellos la nobleza de la Corona de Aragón, que englobaba al reino de Aragón, reino de Valencia, reino de Mallorca y Principado de Cataluña; Inglaterra, Austria y los Paises Bajos. Más tarde, ya comenzada la guerra, se unirían Portugal y el ducado de Saboya.

Posteriormente, se traslada a España, que había empezado como una guerra europea en territorio español, para acabar en una auténtica guerra civil, básicamente entre los reinos de la Corona de Aragón, partidarios del archiduque Carlos, que les había garantizado el mantenimiento del sistema federal de la monarquía de los Austrias.

Mientras la Corona de Castilla apoyaba a Felipe V, cuya mentalidad era totalmente centralista y basada en la monarquía absoluta. Desde el exterior los crecientes lazos con Francia preocuparon al resto de potencias, pues una unión entre los reinos de Francia y la Monarquía Hispánica, podía desembocar en otro gran imperio que nadie deseaba.

Aunque no hubo declaración de guerra formal, hubo un ataque por parte del eje austríaco en lo que se conocería como La Batalla de Capri. En 1703, con Portugal y el ducado de Saboya en la Gran Alianza, el emperador Leopoldo I, viendo asegurada la guerra, proclamó a su hijo, el archiduque Carlos, Carlos III Rey de España.

Formalmente hablando España tenía dos reyes que pronto comenzaron a disputarse el territorio español, tanto dentro como fuera de la península.

En 1705 la reina Ana de Inglaterra llegó a un pacto con una delegación catalana y se firmó el pacto de Génova. Tras la conquista de Barcelona Carlos III, el hijo de Leopoldo I dominaba prácticamente la totalidad del Reino de Valencia y el Principado Catalán, excepto Alicante y Rosas (Gerona).

Desde muy joven, el carácter taciturno de Felipe V siempre fue evidente para sus consejeros más cercanos. El futuro Rey de España  era un adolescente tímido, apático e inseguro.

Caía continuamente en algunos periodos de depresión. Pasaba de la euforia a la desesperación en cuestión de minutos, como le ocurrió en varias batallas contra los partidarios de los Austrias en la Guerra de Sucesión.

Algunos años después de la guerra, cuando se vio encerrado en el viejo y oscuro Alcázar de Madrid, empezaron a aparecer con mayor frecuencia los «vapores melancólicos», que le obligaban a recluirse y a confesarse continuamente.

Este y otros de los comportamientos recordaban a los que tenía su madre María Ana Victoria de Baviera, la cual pasó la mayor parte de su estancia en el Palacio de Versalles enclaustrada en sus aposentos porque casi siempre estaba deprimida.

Primero porque no se adaptó a la corte, aunque ella estaba prometida desde que era niña y estaba preparada para ser reina, lo que pasaba era que su belleza no era la que estaba en boga en esos años en la corte, las damas eran menos morenas y muy bellas.

Ella siempre se quejaba de su mala salud y terminó metida en su cuarto y solo hablaba en alemán con unas de sus damas.

El Delfín no creía que estuviese enferma, intentó estar mas tiempo con ella, pero su esposa no hablaba mas que con su dama de compañía y no le hacía caso. Cuando se dio cuenta, se apartó de ella en busca de otras damas.

María se arrepintió pero ya no pudo volver a conquistarle. Como no la hacían caso cuando se quejaba de su salud decía” Tendré que morirme para que me crean”. Ella murió a los 29 años, a causa de las secuelas de su tercer parto, tuberculosis y un absceso en el vientre.

A Felipe V «Solo la guerra lo sacó por breves momentos de su apatía congénita, lo que le valió el sobrenombre de “animoso”. Toda su vida estuvo dominado por sus familiares», sostiene la historiadora francesa Janine Fayard sobre el perfil psicológico del Monarca.

Cuando acabó la guerra y tenía que estar mucho tiempo en los despachos, se encontró en un estado tal de aburrimiento que nunca fue capaz de encontrar algunas aficiones que le sacaran de él. Su adicción incontrolada al sexo o sus temores religiosos  fue lo único que consiguió mantener ocupada la mente del Rey.

En el testamento, que dejó Carlos II, dejó dicho que el siguiente rey de España debería ser Felipe de Anjou (el futuro Felipe V), que era Borbón y a cambio éste debía casarse con alguna hija del emperador austriaco Leopoldo I. De esta forma, se sellaría una alianza matrimonial, que garantizase la paz en Europa y así no supondría un problema para España y su Imperio.

 

 

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Sin embargo, Luis XIV, no siguió el testamento de Carlos II, casó a su sobrino con María Luisa Gabriela de Saboya, con el motivo de lograr una alianza entre Francia, España e Italia. Esto suponía la hegemonía francesa sobre toda Europa, deshaciendo todo lo que había deseado Carlos II.

María Luisa Gabriela de Saboya, se casó con Felipe cuando tenía 14 años. El compromiso matrimonial entre María Luisa y Felipe V se anunció, el 8 de mayo de 1701, cuando tenía solamente doce años. Felipe V toma posesión de la Corona el mismo día, en que se produce el anuncio de su matrimonio.

La boda se celebró en Turín, el 11 de septiembre de 1701, mediante poderes.  Esta ceremonia se usa cuando dos personas quieren casarse pero por distintos motivos se encuentran cada uno en lugares/países distintos.

Al no poder estar los dos cónyuges presentes en el momento de la celebración del mismo, podrán casarse gracias a un poder notarial que sustituye la presencia física del que está lejos.

Para el encuentro con su marido Felipe V, María Luisa fue acompañada por toda su familia, situación que no era nada habitual. Al mismo tiempo, el rey de Francia, Luis XIV, nombró como única dama acompañante a Anne Marie de Treimoille, más conocida como la princesa de los Ursinos. Esta era confidente de Luis XIV y de su esposa, madame de Maintenom, y una persona de total confianza…

La boda definitiva se celebró en Figueras, que es el lugar donde se produjo el primer encuentro entre Felipe V y María Luisa. La noche de bodas fue muy especial pues María Luisa negó el acceso a su habitación a Felipe V, como protesta por su matrimonio y permaneció encerrada tres días en su cuarto. Pero después supo satisfacer las exigencias de un hombre que era muy fogoso en el lecho real.

Para festejar su llegada, los nobles de la corte le ofrecieron una corrida de toros en la que los rejoneadores (toreros a caballo) eran los protagonistas. llevándose una grotesca sorpresa al presenciar la corrida de toros.

Tras el festejo, no dudó en calificar lo que acababa de presenciar como una fiesta bárbara, cruel y de mal gusto, cuyo único objetivo era dar mal ejemplo al pueblo. Con ello, convenció a toda la nobleza de que la tauromaquia no debía ser una diversión para ellos, y en 1723 terminó promulgando una ley con la que prohibía el toreo a caballo por parte de cualquier cortesano.

Esto más allá de causar la extinción de la tauromaquia, provocó su crecimiento entre la plebe, donde se popularizó el toreo a pie, debido al alto coste de usar un caballo para tan peligrosa celebración.

Unos años después Carlos III se convirtió en el primer rey en prohibir las corridas de toros por completo en 1771, aunque fue una ley que el pueblo nunca llegó a cumplir del todo. Carlos IV lo intentaría algunos años más tarde, en 1805, aunque esta ley se vio eclipsada y olvidada a causa de la Guerra de la Independencia contra los franceses que se desató poco tiempo después.

Tras el final de la guerra de la Independencia, los debates en el parlamento se mantuvieron de forma intermitente, discutiendo sobre la prohibición de las corridas de toros, siendo la última propuesta firme en 1877 por parte del Marqués de San Carlos.

El hecho de que hubiera sido una medida altamente impopular impidió que la ley de prohibición de las corridas de toros pudiera salir adelante.

Se quedaron en Barcelona como medida eficaz para intentar ganarse el apoyo de los catalanes. El reino de Aragón en su conjunto no apoyó el nombramiento de Felipe V, el primer Borbón y sí apoyaban las aspiraciones de la continuidad de la casa de los Austrias.

La princesa de los Ursinos se convirtió en amiga íntima de María Luisa y en su aliada. Enseguida se pudo comprobar, que ambas tenían más claro, que Felipe V, la política que debían desarrollar en España para consolidar la reciente monarquía.

María Luisa y la princesa de los Ursinos desarrollaron una política nacional de máximo consenso, en que un amplio sector de la población española no aceptaba la llegada de los Borbones y deseaban que se cumpliese el testamento de Carlos II.

Esta oposición se daba mayormente en el reino de Aragón y  se oponían a la intención de Luis XIV que quería que España se alineara con Francia para defender los intereses del rey francés.

 

 

La rebelión italiana y primera Regencia de María Luisa

El 8 de abril de 1702, después de un año de matrimonio, se origina la rebelión italiana, básicamente en Nápoles, dando así inició a la Guerra de Sucesión. Felipe V tiene que acudir allí para sofocar la revuelta.

Queda como Regente del Reino María Luisa por primera vez. Se rodea del cardenal Portocarrero y de ministros muy competentes, estos eran, Orry, Amelot, Macanaz y otros que trabajan muy bien en la búsqueda de la unidad de la administración y la centralización del Estado.

Los Borbones no entendían la forma de organización que tenían los Austrias a base de fueros, que eran un conjunto de leyes o códigos legales. El fuero era un privilegio que entregaba el rey o el señor feudal a sus súbditos para que éstos se organizaran social y económicamente.

Cuando regresa Felipe V de sus luchas en Italia, era ya el año 1704. Sin embargo, de nuevo tiene que salir de Madrid para hacer frente al avance de las tropas del archiduque Carlos que era pretendiente austriaco a la Corona española, y que avanzaban por tierras extremeñas. Con este suceso se inicia la segunda Regencia de María Luisa.

 

 

Segunda Regencia y quema de XátivaCuriosidades Historia escapismo Versalles Felipe V Luis XIV Rey Sol Isabel Farnesio Maria Ana Victoria Gran Delfin Maria Luisa Saboya Princesa Ursinos expediciòn pabellones Feria internacional Campo naipes Nápoles Alemania turcos Latina Chimborazo Ecuador volcán Agatha Christie Altamira Marcelino Sanz de Sautuola Cantabria Poirot Mrs Marpel libros Inglaterra Filipinas inventos Ángela Gil Robles Cuba Estados Unidos Lenguaje Amargura calle Houdini übeda Sherlock Jaén Holmes mago Newyork América Europa Estadosunidos Tutankamon Nefertiti telescopio cometa gripe mundial Guerra norteamerica Alemania dichos leyenda Cádiz Lugares fascinantes Alfonso XIII rey exprime historias torre Hércules Breogan Galicia leyendas mitos España Madrid misterio refranes español madrileño Roma Italia Francia árbol colores Nicea constantino abanico arma Japón religión mujer palacio pirata flamenco padre libros baile Sevilla Fallas Conan Doyle literatura espiritismo universidad Valencia tecnología Egipto reina Alemania Italia Cartas barajas exprimehistorias Toledo Ávila Ximena Sevilla Blázquez Úbeda reconquista

Con el avance de las tropas del archiduque sobre Madrid, se decide la salida de la capital y el traslado de la Corte y el Gobierno a Burgos.

Las tropas del archiduque Carlos logran entrar en Madrid, en 1706, pero fue una victoria efímera, pues rápidamente las tropas de Felipe V la reconquistan y la Corte regresa inmediatamente.

Es en el año 1707, cuando la Guerra de Sucesión se puso a favor  de Felipe V. El Duque de Berwich, que mandaba las tropas reales consiguió una victoria muy valiosa en Almansa contra las tropas del archiduque Carlos.

Esto propició la reconquista del Reino de Valencia y, posteriormente, del Principado Catalán. Fue justo después de esta batalla, con el ejército aliado en desbandada, cuando se produjo la quema de Xàtiva.

Era una ciudad amurallada y bien defendida que se negó a rendirse, así comenzó el asedio . El día 6 de Junio la ciudad no pudo resistir más sin apoyo y se rindió esperando un trato honorable por parte del monarca.

El día 19 Felipe V ordenó la quema de la ciudad como ejemplo para el resto de pueblos que todavía debía conquistar. Y más tarde saló sus tierras, para que nada creciera en ellas, hasta tres veces.

Sobre las cenizas de la ciudad fundó la Nueva Colonia de San Felipe y la repobló de sus más fieles súbditos con la esperanza de borrar de la historia la ciudad de Xàtiva.

Por suerte eso no llegó a ocurrir y ya en 1811 en las Cortes de Cádiz, se recuperó el nombre de Xàtiva y la memoria histórica prevaleció. En 1940 un grupo de jóvenes, que más tarde serían insignes personajes de la ciudad, le dio la vuelta al cuadro de Felipe V que se encontraba en el museo como recordatorio de la quema. El pueblo, no solo no se opuso a esto, sino que lo convirtió en uno de sus símbolos más emblemáticos.

El archiduque Carlos propuso la paz a Luis XIV. Le ofrecía varias ventajas políticas y estratégicas a cambio de que dejará de apoyar a su sobrino. La reina María Luisa dejó muy claro a Luis XIV, que iban a pelear por mantenerse en el poder y que jamás abandonarían el trono de España.

 

 

Tercera Regencia

La tercera Regencia de María Luisa empieza en 1710, cuando Felipe V se debe enfrentar otra vez a las tropas del archiduque, venciéndoles en la batalla de Villaviciosa en Asturias. y en Brihuega en Guadalajara, lo que hace que las tropas del archiduque tengan que retirarse a Cataluña.

La Reina, para estar cerca del rey, ordena primero el traslado de la Corte a Vitoria y después a Zaragoza. Fue en Zaragoza donde se presentaron los primeros síntomas de una tuberculosis ganglionar, lo que hizo que se retirara a la ciudad navarra de Corella en 1711. En noviembre de 1711, Felipe V y María Luisa entran de forma triunfal en Madrid.

 

 

Final de La Guerra y desaparición de las Cortes y los concejos

La guerra de Sucesión acaba con la firma del I Tratado de Utrech, el 11 de abril de 1713. Este hecho conlleva la partición de los Estados de la Monarquía española, que Carlos tanto intentó evitar antes de su muerte.

De esta forma, Los Países Bajos católicos: Bélgica y Luxemburgo, el reino de Nápoles, Cerdeña y el ducado de Milán fueron adjudicados al emperador Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico. Al duque de Saboya se le otorga Sicilia.

El diez de julio de 1713 se firma el II Tratado de Utrech, por el cual la isla de Menorca y el Peñón de Gibraltar pasan a dominio de Gran Bretaña, que también había recibido por parte de Francia, la isla de Terranova, la Acadia, la isla de San Cristóbal en las Antillas y los territorios de la Bahía de Hudson.

Además los británicos consiguieron privilegios en el mercado de esclavos, mediante el derecho de asiento y el navío en el mercado de esclavos en todas las Indias españolas.

España fue la gran derrotada de esta Guerra de Sucesión monárquica, con la pérdida de importantes territorios, así como la concesión de privilegios de mercado en las Indias americanas.

La derrota en la guerra de Sucesión de la Corona de Aragón y la fuerte represión que Felipe V llevó a cabo en estos territorios, hizo que se produjera el primer gran exilio político de la historia de España, calculándose en unas 30.000 personas exiliadas, que se trasladaron fundamentalmente al Reino de Nápoles, Cerdeña o el Ducado de Milán.

El 29 de junio de 1707, se promulga el decreto de Nueva Planta donde se “declaran abolidos y derogados todos los referidos fueros, privilegios, práctica y costumbre hasta aquí observados en los referidos reinos de Aragón y Valencia, siendo mi voluntad que éstos se reduzcan a las leyes de Castilla, y al uso, práctica y forma de gobierno que se tiene y ha tenido en ella, y en sus tribunales sin diferencia alguna en nada”.

El 15 de julio se elimina el Consejo de Aragón “porque con esta disposición se logra el importante fin de la uniformidad que tanto deseo haya entre mis vasallos”. Esta desaparición de fueros se justificó por “la rebelión que cometieron, faltando enteramente al juramento de fidelidad que me hicieron como a su legítimo Rey y Señor”.

Felipe V nos lleva a un régimen de puro absolutismo monárquico, con la desaparición de las Cortes y los concejos. Los decretos de Nueva Planta suponen un cambio en la administración territorial.

Estos cambios fueron impuestos en Valencia, Aragón, Cataluña y Baleares, imponiéndoles el modelo de Castilla. Sin embargo, los derechos históricos de fueros y privilegios tanto el País Vasco y Navarra fueron respetados por la fidelidad mostrada a Felipe V en la Guerra de Sucesión.

Con estos Decretos de Nueva Planta, hacen que el Consejo de Castilla pase a convertirse en efectivo gobierno de la totalidad del Reino de España con la excepción de Navarra, que mantiene los privilegios derivados de su condición de Reino hasta 1941.

 

 

Enfermedad y muerte de La Reina María Luisa

En 1712, María Luisa da a luz a su tercer hijo, Felipe y en 1713 nace el futuro Fernando VI. Es a partir de ese momento, cuando la reina María Luisa queda postrada en la cama con solamente veinticinco años.

una anécdota para los que viven o conocen Madrid. Se dice que los parajes del actual barrio de Chamberí,  cercanos al Palacio Real, le gustaban especialmente a la reina que iba a pasear por los alrededores de la Puerta de Santa Bárbara, viéndose la sierra de Guadarrama en la distancia. Dichos parajes le recordaban Chambéry, ciudad de la Alta Saboya, cercana a Turín su ciudad natal y de ahí le viene el nombre al barrio.

María Luisa fue conocida por el pueblo español con el sobrenombre de la saboyana y fue muy respetada. La reina muere, el 14 de febrero de 1714. Sus restos fueron sepultados en la Cripta Real del Monasterio de El Escorial.

Fruto de su matrimonio tuvieron cuatro hijos:

Luis I, que fue rey de España, solamente durante el corto periodo de siete meses, pues falleció con diecisiete años recién cumplidos. Felipe, que murió seis días después de su nacimiento. Felipe Pedro, que solamente vivió siete años y  Fernando VI, que acabó siendo rey de España, tuvo un reinado tranquilo y bastante fructífero para el país.

 

 

Inicio del brote de locura de Felipe V

La muerte de la reina coincidió con los primeros signos de la enfermedad mental que consumió poco a poco al Rey. El año 1717 fue conocido como el estallido de su locura. Le daban ataques de histeria en medio de la gente, y sufría terribles pesadillas.

El ataque que más se repetía era uno en el que trataba de atravesar a un fantasma con una espada, y en otras ocasiones creía ser una rana. Además, la sinrazón vino acompañada de malestares físicos: graves cefaleas, astenias, tenía trastornos gástricos y se convirtió en un gran hipocondríaco sentándole mal cualquier cosa que comía.

 

 

Segundo matrimonio de Felipe, esta vez con Isabel de Farnesio

Siete meses después de la muerte de la Reina, decidió contraer matrimonio con la italiana Isabel Farnesio Wittelsbach. La boda por poderes se celebra en Parma en septiembre de 1714, a los 22 años de edad.

Era vivaz, inteligente y culta, con dominio fluido del francés y el alemán y a pesar de las huellas de la viruela pasada a los 18 años dejó en su rostro, mantiene un gran atractivo por su altura y su proporcionado cuerpo, cabello rubio y brillantes ojos azules.

Para el pueblo de Madrid “La Parmesana”. Fue madre de siete hijos de los que solo falleció uno, el segundo, a poco de nacer. Fueron:

Carlos III rey de España y las dos Sicilias, Francisco que falleció al poco de nacer,Mariana Victoria reina de Portugal, Felipe Duque de Parma, Maria Teresa esposa de Luis Delfín de Francia era hijo de luis XV, Luis Antonio Arzobispo de Toledo y cardenal dejó la vida eclesiástica y Maria Antonia esposa de Amadeo III de Cerdeña.

Una mujer hacia la que desarrolló una fuerte dependencia sexual y afectiva, que era de carácter fuerte y autoritario. Uno y otro se hicieron inseparables y juntos engendraron al que habría de ser el futuro Carlos III, pero la Reina sufrió los momentos más duros de la enfermedad del Rey.

El rey Federico II de Prusia escribió: “La Reina Isabel Farnesio habría querido gobernar al mundo entero; no podía vivir más que en el trono. Se la acusó de haber precipitado la muerte de don Luis, hijo de un primer matrimonio de Felipe V. Los contemporáneos no pueden ni acusarla ni justificarla de este asesinato. El carácter de esta mujer singular estaba formado por la soberbia de un espartano, la tozudez de un inglés, la sutileza italiana y la vivacidad francesa. Andaba audazmente hacia la realización de sus propósitos; nada la sorprendía, nada podía detenerla…”

Al comienzo de su matrimonio, el rey alucinaba con que su ropa y la de su esposa irradiaban una luz mágica.  Hacía que vigilasen continuamente su vestuario y encargó a unas monjas que lo confeccionaran exclusivamente a partir de entonces, como medida para espantar al diablo.

Aun así, Felipe no tardó en empezar a oler fatal: no se cambiaba de ropa interior hasta que quedaba hecha jirones y nunca se ponía ninguna camisa que la reina no hubiera usado antes lo que hizo que le llamaran “el guarro”.

Era muy promiscuo sexualmente y su mujer Isabel de Farnesio atendía todos los deseos sexuales del rey. Se negaba a afeitarse y a cortarse las uñas de los pies, lo que hacía que no pudiera calzarse.

 

 

Tenía un trastorno bipolar

El hispanista Henry Kamen cree que el Monarca sufría un trastorno bipolar. El diagnóstico de esta enfermedad, usualmente como Trastorno Bipolar Tipo I, responde a muchos de los síntomas que padeció desde joven el rey.

Dentro del ciclo de depresión que muestran estos enfermos está un sentimiento invariable de tristeza, desaliento, pérdida de interés por las actividades de las antes disfrutaba, timidez, irritabilidad, dolores crónicos y algunos desórdenes del sueño.

De hecho, a partir de 1728 el Rey cambio el orden habitual de vida, empezó a vivir durante la noche y a dormir durante el día. Recibía a ministros y embajadores después de la medianoche en unas sesiones que duraban horas, a la luz de las velas. Atendía a los embajadores en camisa, sin pantalones y descalzo.

Gritaba por los corredores de palacio y mientras corría por ellos se mordía constantemente. No dormía, comía en exceso y cantaba desaforadamente. Sus alucinaciones le hicieron creerse que era un sapo. Un día se le encontró de rodillas en los Jardines de La Granja de San Ildefonso con la boca abierta esperando comer moscas. Incluso llegó a intentar montar a los caballos de los tapices reales.

La fase maníaco depresiva de Felipe V explica los episodios paranoicos, la exagerada actividad sexual y las alucinaciones que aparecieron a raíz de la muerte de su primera esposa. El médico psiquiatra Francisco Alonso Fernández precisa, en un estudio para la Real Academia de Medicina, que fue en la tercera etapa de su reinado (1726-1746)

cuando se mostraron los peores y más violentos síntomas de la enfermedad. La causa que pudo desencadenarlo pudo ser cuando abdicó a favor de su hijo que reinó como Luis I, y este al poco tiempo falleció.

 

 

Felipe V reinó dos veces. Farinelli la cura del rey

No se sabe si guiado por la locura o porque el Monarca creía que podía llegar a reinar en Francia si fallecía Luis XV, Felipe V firmó el 10 de enero de 1724 un decreto por el que abdicaba a favor de su hijo Luis, de diecisiete años, que estaba casado con Luisa Isabel de Orleans, dos años menor que éste.

A continuación, los Reyes eméritos se retiraron al Palacio Real de La Granja de San Ildefonso, pero la reina estuvo siempre puntualmente informada de lo que sucedía en la Corte de Madrid. Luis I enfermó ocho meses después de viruela y murió el 31 de septiembre de ese mismo año.

Aunque al haber abdicado el sucesor tendría que haber reinado después el otro hijo varón, la reina Isabel de Farnesio actuó rápidamente y devolvió la Corona a Felipe V, aunque tuvo que hacer frente a la nobleza castellana que apoyaba la opción de que tenía que gobernar su hijo Fernando, objetando que no cabía la marcha atrás en la abdicación de un rey.

A Felipe V no le agradaba vivir en el Alcázar de Madrid, porque lo veía lúgubre y antiguo. Mandó hacer algunas reformas, pero seguía sin agradarle. El 24 de diciembre de 1734, a las doce y cuarto de la noche, después del cambio de guardia comenzó un incendio en el Alcázar Real.

Este incendio duró tres días hasta que quedó todo reducido a cenizas, menos dos paredes que al final también se mandaron derribar. La familia real no se encontraba allí como era costumbre, decidieron pasar la nochebuena en el Palacio del retiro.

Se quemaron mas de 500 cuadros, papeles importantes, sobre todo de las Indias y objetos muy valiosos de oro, plata, piedras preciosas, etc. Allí en el mismo lugar después se construyó el Palacio Real o el también llamado Palacio de Oriente.

Se dice que Felipe V es el único Rey que reinó dos veces en España. Pero tras la muerte de su hijo Luis, su depresión no le dejó que lo hiciese igual que antes.

«Este segundo reinado estuvo dominado por los repetidos episodios melancólicos, cada vez más graves y continuos, complementados con pequeños brotes hipomaniacos (episodios destructivos), casi siempre provocados por estímulos externos positivos, que operaban a través de un sistema hipersensitivo emocional», explica en su texto Francisco Alonso Fernández.

Igualmente, al trastorno bipolar se añadió un delirio nihilista de Cotard (delirio de negación), que se manifestaba negando que tuviera brazos y piernas, o que estaba vivo, «o de conservar la identidad humana al creerse convertido en una rana».

Farinelli llegó a La Granja de San Ildefonso en 1737 y tenía la tarea de curar a través de su voz única al rey Felipe V, que tenía serios problemas mentales, lo que entonces llamaban melancolía.

Un clavecín fue colocado en la habitación contigua a la alcoba del rey. Farinelli cantó, y el rey estaba tan sorprendido que él pidió que Farinelli entrara en la habitación y cantar aún más para él. Al parecer, esta “terapia musical” tuvo un efecto sobre el rey que él se levantó de la cama, finalmente el rey se repuso y reanudó sus deberes reales.

El idilio entre la corte española y Farinelli se prolongó hasta 1759, cuando accedió al trono Carlos III, rey muy reformador, pero que odiaba la música, en especial la ópera italiana.

Si a esto le sumamos que su madre, Isabel de Farnesio, había considerado una afrenta que Farinelli sirviera al nuevo monarca y no permaneciese a su lado, es más que lógico que el “capón”, como así se le llamaba en España, recordando a los deliciosos pollos capados, acabara siendo apartado de la corte y retirándose a vivir a Bolonia, eso sí, con una pensión vitalicia que le permitió vivir cómodamente y rodeado de recuerdos de su gloria a lo largo y ancho de Europa hasta el momento en que murió, en el año del Señor de 1782.

Felipe hizo de Rey consorte de su mujer, Isabel de Farnesio. Una muestra del poder de su esposa se refleja en que los documentos y cartas de ese periodo contienen la frase «el Rey y yo», como emblema de una rara monarquía dual en la que quien tomaba las decisiones era la Reina.

Al final de su vida, Felipe V se confinó en el palacio de El Pardo, donde vivía de forma poco sociable. «Se había empeñado en llevar siempre una camisa usada antes por la Reina, porque temía que le envenenasen con una camisa; otras veces prescindía de esa prenda y andaba desnudo ante extraños; se pasaba días enteros en la cama en medio de la mayor suciedad, hacía muecas y se mordía a sí mismo, cantaba y gritaba desaforadamente, alguna vez pegó a la Reina, con la cual se peleaba a voces y repitió tanto sus intentos de escaparse que fue preciso poner guardias en su puerta para evitarlo», relata el historiador Pedro Voltes en «La vida y la época de Fernando VI».

En cierto momento en que pudo disponer de pluma y papel, compuso rápidamente una carta de abdicación y la mandó al Presidente del Consejo de Castilla, supremo órgano de gobierno, para que reuniera a los consejeros y los informara de que cedía la corona, al príncipe Fernando, su heredero.

El presidente, arzobispo de Valencia, era incondicional a la reina y mantuvo la carta en secreto hasta informar a ésta. Isabel de Farnesio se asustó y encolerizó, y mando reforzar la vigilancia sobre su esposo.

 

 

Muerte de Felipe V

Cuando falleció el Rey Felipe V el 9 de julio de 1746 en Madrid, Fernando VI, el único hijo varón vivo de su primer matrimonio,  ordenó a la Reina viuda Isabel de Farnesio, que abandonara el palacio real del Buen Retiro y se marchara a vivir a una de las casas de la duquesa de Osuna. Después ordenó su destierro como castigo a los desprecios que había hecho a los hijos y consejeros de María Luisa Gabriela de Saboya.

El primer Rey de la casa de Borbón en España, tras ganar la Guerra de Sucesión española, y haber reinado 45 años y 3 días, el más largo en la historia de España, quedó marcado por el deterioro de su salud mental y el fracaso de la abdicación a favor de su hijo Luis I, que falleció 229 días después de ser coronado víctima de la viruela.

Al final, Felipe V, llamado «el Animoso» por su humor cambiante, expiró con la corona en su cabeza y en un estado de locura tan grande que «hasta los pintores de cámara habían tenido que reflejar la decrepitud del Rey, hinchado y torpe, con las piernas arqueadas y la mirada perdida».

Felipe V fue Rey de España (16 de noviembre de 1700 a enero de 1724 y del 6 de septiembre de 1724 a 9 de julio de 1746). Fue Duque de Anjou de 1683 a  1700, Duque de Milán de 1700 a 1706, Rey de Nápoles de 1700 a 1707, Rey de Cerdeña de 1700 a 1708, Soberano de los Países Bajos de 1700 a 1711 y Rey de Sicilia de 1700 a 1713.

Nos han enseñado que Felipe V era un buen rey de España y que trabajó en la modernización del país, cuando lo cierto era que Felipe V fue un personaje enfermizo, obsesivo e inmoral muy lejano de lo que nos cuentan los historiadores oficiales.La realidad fue que reinaron sus dos esposas y esto la historia lo pasa un poco de largo.

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9 comentarios en “Felipe V “El animoso”

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