La fiesta de “Los Mosqueteros de San Antón”

La fiesta de “Los Mosqueteros de San Antón”

Cada primer fin de semana de septiembre se celebra en Béznar un ritual festivo denominado “los Mosqueteros del Santísimo Sacramento”, también conocido como “los Mosqueteros de Béznar” o “los Mosqueteros de San Antón”, aunque antes se celebraba el 17 de enero.

La localidad de Béznar pertenece al municipio de Lecrín, en la comarca del Valle de Lecrín, en el centro de la provincia de Granada. Está constituido por seis pueblos:

Talará, Murchas, Acequias, Mondújar, Chite y Béznar.

Béznar es una localidad eminentemente agrícola, destacando su producción de cítricos y frutales.

Leyenda de los mosqueteros de San Antón

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Cuenta la leyenda que…

Corría el año 1568 cuando el ataque fue rápido, efectivo y mortífero, el Ibrahim Agad con los monfíes de Nigüelas, moriscos refugiados en las estribaciones de la Sierra Nevada dedicados al bandolerismo y practicantes de su fe coránica, estaban entrenados para actuar y desaparecer con rapidez, esta vez llevándose un preciado botín…

El Santísimo de Beznar y una muchacha hija de uno de los asaltados asesinados.

El refugio de estos sublevados estaba en plena montaña, de ahí que fuera muy difícil encontrarlos pero la gente del pueblo estaba dispuesta a recuperar su tesoro más valioso «El Santísimo».

Para ello se habían organizado en una partida de voluntarios llamados «La Hermandad» de carácter semi-militar dirigida por el alférez de los invencibles Tercios de Flandes.

La hermandad y don Martín Alonso de Frías sin dudarlo se dirigieron al Capitán General de Granada, el Marqués de Mondéjar D. Luis Hurtado de Mendoza quien les concedió 25 mosquetes y arcabuces, armas blancas y munición.

La primera operación que propone la hermandad es localizar el campamento de los monfíes. Es una cuestión un tanto difícil por su ubicación en una sierra extensa, llena de cuevas y desfiladeros que sin la información oportuna, sería como buscar una aguja en un pajar.

La demora de la expedición de salvamento podía dar al traste con el recate del Sacramento y los cristianos presos.

La propuesta vino de uno de los voluntarios de la hermandad:

––Si no tenemos la ubicación del campamento de los bandidos…solo nos queda una solución…uno de nosotros se hará apresar por los monfíes de la sierra, descubrir su guarida para después escapar. Con esa información la hermandad atacará por sorpresa, liberando a los cautivos y recuperando El Santísimo.

Todos quedaron en silencio pues, la solución aunque sencilla, era alta peligrosa y nadie quería ir de héroe en esta misión.

Así pues decidieron echarlo a suertes tocándole a uno de los corredores voluntarios, Víctor Hernández, un joven fuerte y vigoroso que reaccionó con valentía sin amedrentarse del peligro que corría aceptando el plan de la hermandad.

Tardó poco en ponerse en marcha camino a Lanjarón. A las pocas leguas de atravesar por el puente del Tablate salieron al paso cuatro monfíes de la partida de Ibrahim.

Estos no tardaron en apresarlo con extrema violencia ya que Víctor hizo ademán de resistirse, con lo que se llevó unos cuantos bastonazos y la amenaza de cortarle el cuello si seguía oponiendo resistencia.

El primer paso ya estaba dado, Víctor estaba preso por los monfíes. Pero la operación iba a dar al traste, pues oyó a los asaltadores de caminos la intención de venderlo de inmediato como esclavo al rey de la Alpujarra Aben Humella.

Este pagaría bien a sus captores, pero otro de los rufianes señalo que si se enteraba Ibrahim Agad, el cabecilla de todos ellos, los colgaría del puente de Tablate al día siguiente por traición.

Lo mejor era juntarlo con los otros esclavos que tenían en el campamento y venderlos a todos en la partida de esclavos que estaban preparando para Berbería a cambio de arcabuces y munición, que era lo que más necesitaba para continuar la sublevación contra los cristianos.

Así pues, la segunda parte del plan empezaba a materializarse cuando se pusieron en marcha hacia el campamento ubicado en la parte izquierda del barranco de Tablate entre dos pequeñas lagunas.

Allí Víctor fue conducido al fondo de una cueva donde se encontraban el resto de cautivos.

La doncella secuestrada se encontraba en otra oquedad preparando unas gachas de cebada, que era lo único que tomaban los prisioneros una vez al día y que se repartía por la tarde en trozos de cuenco roto o en las propias manos.

A los monfíes tenían que mantenerlos con vida hasta que fueran vendidos como esclavos en el mercado del norte de África.

Esa misma tarde a la hora de repartir las gachas, María de la Trinidad… así era como se llamaba la doncella pudo contactar con Víctor y este le informó de sus intenciones de escapar del lugar e informar a la hermandad, María por su parte le dijo donde guardaban el Sacramento.

La noche llegó y con ella la fuga de Víctor por un descuido del carcelero. María le hizo pasar un cuchillo entre las gachas.

Cuando todos dormían, rebanó el cuello al centinela sin despertar a nadie. La fuga por los despeñaderos estuvo a punto de concluir en un desfiladero si no hubiese sido por el conocimiento del terreno y la destreza del mozo que en poco tiempo se plantó en Béznar.

Informó a la hermandad de todo lo que había visto en el campamento de los monfíes y como llegar hasta él, cumpliéndose la tercera parte del plan.

La hermandad alertó a todos sus miembros, poniéndose en marcha hacia la cueva de los rebeldes. Hacia allí partió don Martín Alonso con treinta mosqueteros y once corredores atacando por sorpresa en la oscuridad de la noche, cuarta y última parte del plan de rescate.

Después de una dura lucha, los monfíes salieron derrotados. Se liberaron a nueve de los veintitrés prisioneros cristianos entre lo que se encontraba María de la Trinidad, que aunque herida, logró llegar hasta el lugar donde se encontraba el Sacramento.

Lo mostró a los mosqueteros gritando:

––¡Aquí está nuestro Dios! ¡Aquí está el Señor! ––Cayendo estos de rodillas y dando gracias por la victoria.

El Santísimo fue conducido hasta Beznar por la doncella, quien lo entregó al Párroco mientras los mosqueteros realizaban las primeras descargas de pólvora en honor al Santísimo.

En recompensa a la victoria fueron obsequiados con coronas de flores y cintas de colores que penden de sus espaldas, dando origen al atuendo típico que lucen en la actualidad.

Conocido el hecho por don Juan de Austria constituyó la Hermandad del Santísimo Sacramento de Beznar en 1571, además de concederles una pensión vitalicia y el privilegio de escoltar a la Sagrada Forma en sus salidas procesionales, custodiando permanentemente dos de ellos el sagrario.

La fiesta de los mosqueteros

 

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Se desarrolla durante las jornadas del sábado y el domingo, Aunque el viernes anterior, los Mosqueteros desfilan por la tarde por las calles de la localidad para anunciar el comienzo de las fiestas.

Se parece a las soldadescas de las fiestas de Moros y Cristianos celebradas en la Alpujarra y en la mayor parte de Andalucía. Sin embargo carece de representación del enfrentamiento o las escaramuzas entre dos bandos.

El origen de las soldadescas son las milicias locales organizadas por los Reyes Católicos, para la protección del territorio, que fueron incorporándose a la celebración de las festividades de sus pueblos.

El origen de la fiesta de los Mosqueteros del Santísimo Sacramento de Béznar es la conmemoración de la victoria de una milicia local al rescatar el sagrario y a una mujer joven, que habían sido secuestrados por un grupo de moriscos sublevados antes de iniciarse la guerra de las Alpujarras (1568-1571).

Estos son algunos fragmentos del relato que se publico bajo el título Historia de los mosquetes en el programa de fiestas de Béznar correspondiente al año 2005:

“La política intransigente de Felipe II hace crecer el descontento de la población morisca y el aumento de los grupos de monfíes.

Esta situación provoca enfrentamientos entre los moriscos y los cristianos como el sucedido en Béznar en torno al año 1566.

Sucedió que una fracción de la partida de Igrahín Agad de la Zubia de los monfíes del Nazcoz de Nigüelas atacó al Beneficiado y a su séquito cuando se dirigía a dar el Santísimo a un enfermo.

Resultando muerto el Sacristán y un labrador, siendo cautiva la hija de éste, María Trinidad y robado el Santísimo que era conducido en el portaviático.

Conocido el suceso, el pueblo se reunió en la plaza y los hombres querían perseguir a los monfíes si no hubiesen sido impedidos por las autoridades.

En esta confusión se presentó un alférez de los tercios de Flandes, D. Martín Alonso de Frías, el cual organizó una Hermandad cuya principal misión era rescatar al Santísimo, para ello acudieron al Marqués de Mondéjar D. Luis Hurtado de Mendoza que les concedió 25 mosquetes y arcabuces…

D. Juan de Austria conoció de todas estas hazañas por boca del alférez Martín Alonso de Frías.

El Príncipe concedió a María Trinidad una pensión como premio a su heroísmo y a los mosqueteros el privilegio de escoltar el Santísimo, a la vez que los uniformaba.

Todo esto sucedió en Béznar, según constaba en un manuscrito de 1571 que existía en el Archivo Parroquial de Béznar” (Programa de las Fiestas en Honor a San Antón de Béznar 2005).

Un vecino de 82 años de la localidad contaba:

“Mataron a dos y se llevaron a una mujer, también, con ellos, y la hirieron, le cortaron un brazo, y con las mismas pues se fueron.

Ya habían hecho cosas en el pueblo, estaban siempre haciendo cosas. Pero ya la gente se cansó y dijeron que iban a ir con lo que fuera en busca de ellos.

Entonces les dijeron que no fueran, que no fueran porque ellos tenían sus alfanjes y sus cosas y los iban a matar a todos. Pero la gente, sobre todo los mozuelos, ya dijeron:

"vamos a por lo que sea".

Pero resulta que aquí, por aquellos entonces, venía a veranear mucha gente. Venía Don Juan de Austria que tenía un sitio ahí, donde paraba, que le llaman el Palacio…. Y por entonces había también ahí un señor, que era un alférez, de los tercios de Flandes, que estaba aquí. Y les dijo:

‘no, no, no, quietos, vamos a ver’.

Y por mano de él, fueron a Granada y consiguieron que Don Juan de Austria les diera unos mosquetes, les dio 25 mosquetes. Entonces, con eso ya sí. Claro, los sarracenos no conocían la pólvora.

Claro, cuando llegaron y pegaron cuatro tiros por estos barrancos y retumbaba todo, dijeron los moros:

‘vámonos de aquí…’.

Llegaron y se encontraron a la muchacha en una cueva. La muchacha, por lo visto, en un descuido… porque los sarracenos hacían burla del Santísimo… entonces, la muchacha en un descuido cogió el Santísimo y se lo guardó en el pecho.

En eso fue cuando llegaron los mosqueteros. Luego a la muchacha le dieron una paga para toda la vida… Entonces, los mosqueteros se vinieron para abajo, a gusto, con el Santísimo”.

Las Fiestas Patronales en Honor a San Antón de Béznar, hasta mediados del siglo XX, se celebraban en el día dedicado a esta advocación:

El 17 de enero.

En la actualidad, las fiestas patronales se celebran el primer fin de semana de septiembre, aunque se mantiene como festivo el 17 de enero y algunas personas, sin usar el traje de mosqueteros ni desfilar, salen a la puerta de su casa o a la plaza para disparar sus mosquetes.

Un vecino comentó:

“Como el 17 de enero casi siempre llueve y hace mal tiempo… y esta fiesta con el colorido que tiene, la ropa que hay… pues la dejaron para septiembre, para el primer domingo de septiembre…”.

Las mujeres, que se encargan de la confección del traje de los mosqueteros, se suelen reunir en algunos domicilios para prestarse ayuda unas a otras. Enseñan a las más jóvenes y pasan tiempo juntas.

Los hombres que salen de mosqueteros también se reúnen los días previos a la fiesta para ensayar los pasos, los cruces, la escolta, etc., e introducir a los nuevos mosqueteros en el ritual.

La utilización del mosquete ha estado tradicionalmente reservada a los varones adultos. Utilizar por primera vez un mosquete supone, para los muchachos, incorporarse a este mundo de adultos.

La integración de niños y niñas en los actos de los mosqueteros no se ha producido hasta el último tercio del siglo XX. Hasta entonces, era una actividad exclusiva de los varones adultos, que a menudo habían pasado ya por el servicio militar.

Los niños y niñas son integrados en el desarrollo de la fiesta a edades muy tempranas, no es hasta la edad de 16 o 17 años aproximadamente cuando comienzan a utilizar los mosquetes.

Niños y niñas en torno a los tres años llevan la misma indumentaria que los adultos y se incorporan al desfile y marcan el paso junto a sus mayores, sobre todo por la tarde y durante la procesión.

Hasta los 13 o 14 años llevan armas de juguete con las que simulan el porte del mosquete, y algunas veces el disparo mediante la utilización de petardos.

A partir de esa edad, algunos muchachos reciben de sus familias trabucos y armas más pequeñas que los mosquetes, con las que ya pueden utilizar pólvora, pero que no son cargadas.

Sobre los 16 o 17 años, los chicos que manifiestan su interés en utilizar el mosquete comienzan a hacerlo, siempre que la familia esté de acuerdo y pueda permitirse el costo de encargar una réplica a una fábrica de armamento.

El muchacho se integra en el grupo de mosqueteros y recibe el mismo tratamiento y ritual, es decir, se disparará por la mañana en su casa para efectuar la recogida y realizará el desfile en su totalidad, no sólo durante los actos de la tarde.

Cada vez es más frecuente que se incorporen niñas al desfile durante los actos de la tarde. Estas niñas probablemente se incorporarán al grupo de los mosqueteros adultos.

Hasta ahora, sólo en una ocasión una mujer se ha incorporado al desfile de los Mosqueteros adultos. Además, algún año ha habido algunas propuestas para que fuesen mujeres quienes hiciesen los papeles de sargento y teniente.

Las mujeres se están empezando poco a poco a participar en todas las fiestas de España y adquiriendo cada vez mayor protagonismo. Así hay mujeres ocupando mayordomías y puestos destacados en la Comisión.

La confección del traje de los mosqueteros

 

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Siempre la han realizado las mujeres y puede interpretarse también como un rito de paso.

Los conocimientos y técnicas que se necesitan para la elaboración del traje de mosquetero han formado parte del conjunto de aprendizajes que las muchachas adquirían para iniciarse en la vida adulta de las mujeres.

Durante el noviazgo, las mujeres comenzaban a ofrecer a sus novios mantones y otras prendas para que las llevasen durante las fiestas. Además, podían comenzar a colaborar en la confección del traje que llevaría el novio.

Felipe II configuró la jerarquía de estas milicias estableciendo las siguientes figuras:

Capitán, alférez, sargento, cabo y soldados.

En la actualidad, los Mosqueteros de Béznar se estructuran de un modo similar:

Teniente, sargento, cabo y mosqueteros.

¿Quien participa en la fiesta?

Teniente (Abanderado)

El Teniente o Abanderado es el cargo de mayor rango dentro de la jerarquía de los Mosqueteros. Su bandera lleva los colores del Vaticano y el escudo de España.

El Teniente es el último del grupo en ser recogido. A su salida la banda toca la Marcha Real y se realiza una descarga de mosquetes. Su función principal es tremolar la bandera ante la imagen de San Antón, al principio y al final de la procesión.

Sargento (Pica)

El Sargento o Pica es el enlace entre la tropa de mosqueteros y el Teniente. El traje que usa es el mismo que el del Teniente y su insignia o distintivo es la pica o alabarda.

Durante los desfiles acompaña siempre al teniente y tiene un papel destacado en el acto de la escolta que se realiza en la iglesia.

El Cabo

Es el Mosquetero que dirige al resto del grupo, encabeza el desfile y es el encargado de realizar los disparos del alba. Su traje es igual que el del resto de los Mosqueteros.

Mosqueteros

En la actualidad, el grupo de Mosqueteros está compuesto por una veintena de varones “adultos” aproximadamente. Además, sobre todo durante los actos que se desarrollan por la tarde, también se visten de Mosqueteros muchos niños y niñas de la localidad.

Hay otros participantes en las fiestas:

Polvorista

Es el encargado de transportar la pólvora que se usará para efectuar los disparos durante todo el recorrido. También se encarga de realizar la carga de los mosquetes.

No lleva ninguna indumentaria especial y suele ir, durante el desfile, a la altura del cabo.

Mayordomos

En las fiestas de Béznar es voluntario, aunque en otras localidades se haga por designación y cierta cantidad de dinero (en la actualidad una media de 150 euros aproximadamente) con el objeto de sufragar los costes generados por la celebración.

Al dinero recaudado de entre los mayordomos, hay que sumarle los fondos obtenidos por la Comisión de Fiestas a través de diversas actividades (organización de rifas, publicación de libros, confección del programa, etc.) y la aportación municipal.

Esta comisión está formada cada año por un grupo distinto de personas que voluntariamente se ofrecen para organizar estas actividades.

Los mayordomos adquieren un especial protagonismo a lo largo de la jornada festiva y son homenajeados, individualmente, por parte de la banda y los mosqueteros.

Banda de música

Hasta el último tercio del siglo pasado, el desfile era acompañado por un tamborilero.

Con el tiempo, este tambor ha sido sustituido por una banda de música de Dúrcal que acompaña a los mosqueteros desde su salida, al alba. Por la tarde, se le suma también un grupo de Majorettes.

“Entonces venía un tamborilero, cuando yo salí la primera vez, que era de Dúrcal y venía todos los años, le pasaba que llegaban las fiestas y no había que decirle nada, ya estaba aquí.

Y estuvo viniendo hasta que el hombre pudo, porque ya estaba muy viejo. Entonces buscaron a un tamborilero de Granada, de la Cruz Roja, que se llamaba Juan, y Juan, un año, dijo que iba a traer a su hijo, que era un redoblante.

Entonces, ya venían dos, el tamborilero y el redoblante, ya iba a más…. A los pocos años, se trajo cuatro o cinco cornetas de la Cruz Roja, y ya no me veas la que armaron…. Pues ya venían todos los años.

Hasta que ya empezó a venir una banda de Dúrcal…. y ya vienen majorettes y todo” (Vecino de Béznar, Mosquetero desde la década de los 50 del siglo xx).

Festejos

El alba

La fiesta comienza entre las 6.00 y 6.30 h. de la mañana. El cabo de los Mosqueteros, acompañado por la banda de música que tocará la diana, realiza el primer disparo para anunciar al resto de Mosqueteros que se va a iniciar la recogida y que deben ir preparando sus trajes y armamento.

Tradicionalmente, durante el alba, el cabo sólo realizaba este primer disparo y otro inmediatamente antes de comenzar la recogida. En la actualidad, suelen acompañarle algunos mosqueteros más, que disparan sus mosquetes en diversos puntos del pueblo.

Tanto el cabo como el resto de los mosqueteros que le acompañan en el alba, aún no visten su traje completo. El cabo no lleva su vistoso sombrero de flores y el resto puede ir vestido de calle.

A esta hora los jóvenes salen de la verbena para acompañar los primeros disparos de los mosqueteros y bailar tras la banda de música.

Durante este tiempo, la banda interpretará marchas, pasodobles, himnos y hasta adaptaciones de los últimos éxitos del pop.

Algunos grupos de vecinos se despiertan y esperan en la puerta de su casa o en la plaza el paso del cabo y su comitiva.

Tras recorrer algunos puntos de la localidad disparando su mosquete, el cabo vuelve a su casa a descansar y sale de nuevo a las 8.00, para iniciar la recogida.

La recogida

Da comienzo el cabo, que va uniformado, disparando en la puerta de la casa del primer mosquetero que encuentre a su paso.

Este primer mosquetero saldrá de su vivienda y realizará otro disparo. Luego se colocará detrás del cabo e iniciarán el desfile.

El mosquetero que ha salido disparará en la puerta de la casa de su compañero de filas y así sucesivamente hasta que se haya reunido todo el grupo.

Los mosqueteros desfilan en formación. El cabo dirige la marcha y está siempre delante. El resto de los mosqueteros se agrupan por parejas, en dos filas, y marchan al ritmo del tambor.

Cuando se paran, flexionan alternativamente y de forma leve sus piernas, izquierda y derecha, de manera que sus mantones y lazos estén siempre en movimiento.

Cada vez que se dobla una esquina, las parejas se cruzan de modo que la hilera que estaba a la izquierda queda a la derecha en la nueva dirección, y viceversa.

Cuando se llega a la casa del Sargento, se disparan dos mosquetes y éste se incorpora al desfile junto al resto del grupo.

Casi el total del recorrido se hace a pie, excepto cuando se dirigen hacia Los Peloteos, para recoger a algún Mosquetero o a homenajear a algún mayordomo, que se hace uso de varios vehículos particulares.

Una vez que todas las escuadras de Mosqueteros se han reunido, se dirigen hacia el domicilio del Teniente Abanderado.

Allí, la banda interpreta el himno de España, la Marcha Real, y el Teniente sale a su puerta. Mientras tanto, el polvorista se encarga de cargar y cebar los mosquetes y se realiza una descarga.

Tras la descarga, el Teniente se incorpora al desfile, junto al Sargento, y el grupo se dirige hacia la plaza de San Antón, donde tendrá lugar el pase de revista.

El pase de revista

El pase de revista es uno de los actos que más espectadores atrae y muchos vecinos y visitantes se congregan en la plaza de San Antón para ver su desarrollo.

El sentido de este acto es que el cabo, el sargento y el teniente, comprueben la correcta uniformidad de la tropa. Esta comprobación también la realizan el resto de los asistentes, que gustan de ver quién lleva bien el traje y quién no.

La revista comienza cuando, al borde exterior de la plaza de la Iglesia, desde la calle Real, el cabo, de espaldas y a paso lento, a ritmo del tambor, desfila hasta la fachada del fondo opuesto.

Las dos hileras de Mosqueteros, una a cada lado del cabo, le siguen de frente al mismo paso. Al llegar a la fachada opuesta a la entrada de la plaza, el cabo se para y es flanqueado por el teniente y el sargento.

Los Mosqueteros desfilan hasta quedar frente al cabo. Una vez ahí, los dos primeros Mosqueteros se cruzarán y emprenderán el camino hacia el exterior de la plaza, dejando las dos hileras de mosqueteros que se están acercando al cabo en el centro.

De este modo, se forman cuatro hileras, dos que se dirigen hacia el exterior de la plaza, en los laterales; y dos que se dirigen hacia el cabo, en el centro.

Cuando todos los Mosqueteros han desfilado frente al cabo, el abanderando y el pica, el primero dispara su arma y el desfile continua en la calle Real. Es el momento del homenaje a los mayordomos.

El homenaje a los mayordomos

Al finalizar el pase de revista, los Mosqueteros continúan el desfile y esta vez se pararán en todas las viviendas en las que hay uno o varios mayordomos para rendirles el debido homenaje.

Hasta el último tercio del siglo xx, el número de mayordomos era relativamente reducido, por lo que este acto podía hacerse en una sola jornada.

La ampliación de la celebración de la fiesta a dos días, ha sido motivada, entre otras razones, por el aumento del número de mayordomos.

Para realizar este acto de homenaje se procede de la siguiente forma:

El teniente abanderado y el sargento pica, mirándose de frente, se colocan a ambos lados de la puerta del domicilio.

El sargento llama a la puerta y, cuando abre el mayordomo, la banda empieza a tocar hasta que un Mosquetero efectúa un disparo.

En el caso de que haya más de un mayordomo en la vivienda, la banda volverá a tocar hasta que suene otro disparo de mosquete y así sucesivamente, hasta que se hayan efectuado tantos disparos como mayordomos vivan en el domicilio.

En algunas viviendas, los mayordomos ofrecen tanto a los Mosqueteros como a los miembros de la banda de música, que les acompaña, algo para comer y bebidas (refrescos, cerveza, sangría, etc.).

Cuando el homenaje a los mayordomos ha concluido, tiene lugar en la Iglesia de San Antón la celebración de la eucaristía donde los Mosqueteros ocuparán un lugar destacado.

La escolta del Santísimo Sacramento

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Durante la celebración de la misa, los Mosqueteros llevan a cabo la llamada escolta del Santísimo Sacramento.

El acto sucede de la siguiente forma:

El sargento (pica) nombra a una pareja de Mosqueteros para realizar la primera escolta y los tres se dirigen, por la nave central de la iglesia, hacia el altar mayor en fila de uno, quedando en el centro el sargento.

Al llegar a los pies de la escalinata que sube al altar, el sargento se inclina y sujeta la pica por encima de los escalones señalando al altar mayor. Los Mosqueteros se colocan a su lado y se arrodillan. Se levantan y suben los escalones, poniendo los dos pies en cada uno de ellos.

Al llegar al cuarto y último escalón, se vuelven a inclinar. Una vez que se levantan, se colocan de pie, mirándose de frente, uno a cada lado de la escalinata. Y allí permanecen hasta que son relevados por otra pareja.

Cada escolta dura unos 10 minutos, y todas las parejas de Mosqueteros la realizarán durante el desarrollo de la liturgia, exceptuando al cabo, al teniente y al sargento.

Cada vez que una nueva pareja de Mosqueteros llega para hacer el relevo, se vuelve a efectuar el mismo acto.

La pareja que estaba realizando la escolta abandonará la posición en la que se encontraba, para dejar paso a los dos nuevos Mosqueteros, y se colocarán en el centro de la parte superior de la escalinata mirando hacia el sagrario.

Entonces volverán a hacer una reverencia, arrodillándose, y bajarán los escalones poniendo los dos pies en cada uno de ellos, pero esta vez de espaldas, con la vista fija en el sagrario.

Una vez abajo, hacen una nueva reverencia, se dan la vuelta y se colocan en fila de uno, dejando al sargento en el centro. Ya mirando hacia el coro a los pies de la iglesia, saldrán.

Una vez que ha concluido el desfile y el Teniente Abanderado ha sido encerrado, la mayoría del pueblo y los visitantes se reúnen en la plaza de la iglesia, donde la Comisión de Fiestas ha instalado una barra en la que se sirven distintos tipos de bebidas.

Al mismo tiempo, se comienza a repartir de forma gratuita un plato de paella a todo aquel que lo solicite.

Recogida y desfile por la tarde

A las 18.30 h. aproximadamente, los Mosqueteros vuelven a desfilar hasta el domicilio del Teniente Abanderado para recogerlo.

Hay que destacar que por la tarde se incorporan al desfile muchos niños y niñas de entre 4 y 14 años que, vestidos de mosqueteros y portando pequeños mosquetes de juguete, realizan el paso y la revista junto a sus mayores.

Aunque la indumentaria de los niños es igual que la de los mosqueteros adultos, en el caso de algunas niñas se sustituye el sombrero de flores por un lazo rojo en el pelo; hasta el momento, sólo una mujer adulta, se ha incorporado un año al desfile.

Tras recoger al Teniente, los Mosqueteros vuelven a la plaza de San Antón para iniciar la procesión.

La procesión de San Antón y el revoloteo de la bandera

La imagen de San Antón es transportada hasta el exterior del templo por cuatro hombres en un trono sobre ruedas; en la puerta de la iglesia, el Teniente y el Sargento, uno a cada lado, esperan la salida del patrón en posición de saludo.

En la Plaza se coloca la imagen en la fachada opuesta a la entrada a la misma. Bajo la imagen se sitúan el cura, las autoridades municipales (el alcalde o algún concejal) y los muchachos que han sido elegidos “Rey” y “Reina” de las fiestas.

Entonces, un miembro de la banda empieza a tocar un redoble de tambor. Al ritmo del redoble, el sargento desfila de espaldas a la imagen hasta encontrarse con el teniente, que se ha quedado en el centro de la plaza dejando a su derecha la imagen del santo.

En el centro de la plaza, el sargento se gira y mira de frente al teniente. A una señal del tambor, ambos vuelven a girarse quedando frente a la imagen.

Entonces, dan tres pasos hacia el santo, el tambor intensifica el redoble y ambos se inclinan apoyando la rodilla derecha en el suelo, se quitan el sombrero con la mano izquierda y lo mantienen en la dirección de la imagen, mientras con la mano derecha rinden sus insignias, la bandera y la pica.

Aún con el redoble, se levantan y se colocan el sombrero. Este acto se repite tres veces dando pasos hacia delante y otras tres veces dando leves pasos hacia atrás, tras lo cual el teniente se despoja por última vez de su sombrero y se lo deja al sargento para iniciar el revoloteo de la bandera.

El teniente despliega la bandera en su totalidad, sujetándola con su mando izquierda en el extremo inferior del mástil y con la mano derecha tres cuartas aproximadamente más arriba.

La banda comienza a interpretar un vals, “Olas del Danubio”9 de Ion Ivanovici, y el teniente, al ritmo de la música, hace girar la bandera tres veces a su lado derecho; después, en sentido inverso, la gira otras tres veces a su lado izquierdo y, por último repite lo mismo elevando la mano izquierda por encima de sus ojos, de modo que la bandera voltea a su espalda.

Tras esto, el vals continúa sonando y el teniente sujeta la bandera por encima de su cabeza, sólo con la mano izquierda en el extremo inferior del asta, haciéndola girar, con el brazo extendido y tratando de sólo mover la muñeca, hasta que quede enrollada al mástil; después volverá a girarla en sentido contrario hasta que quede desplegada de nuevo.

Al finalizar se inclina y con la rodilla derecha en el suelo ofrece la bandera a la imagen del santo y, entonces, los mosqueteros que han estado durante todo este protocolo en la calle aledaña a la plaza realizarán una nueva salva o descarga con sus mosquetes.

Este acto se volverá a repetir al finalizar la procesión y, en algunas ocasiones, también en el barrio de Los Peloteos.

Finalizado el baile de la bandera, comienza la procesión. Los mosqueteros encabezan la comitiva y disparan sus mosquetes en determinados puntos del trayecto.

Tras ellos desfila una de las bandas, acompañadas por un grupo de Majorettes que se incorpora al recorrido por la tarde.

Entre la banda y la imagen de San Antón, caminan un buen número de vecinos y vecinas de Béznar.

Tras el trono que porta la imagen de San Antón, se sitúan el sacerdote, el alcalde u otras autoridades municipales, el “Rey” y la “Reina” de las fiestas y, flanqueando a este grupo, el sargento y el teniente.

A la espalda de éstos, cerrando el desfile procesional, se coloca la otra banda de música.
Al llegar a la plaza de la ermita de San Antón, donde en 2007 el ayuntamiento de Lecrín instaló el monumento al Mosquetero, se realiza una ofrenda floral a los pies de la estatua, mientras la banda interpreta la Marcha Real y los Mosqueteros permanecen en formación entre la hornacina de la ermita y el monumento.

Cuando el desfile procesional llega de nuevo a la plaza de San Antón, el teniente vuelve a tremolar la bandera y, tras esto, se procede al encierro del Santo en la iglesia.

Por último, los Mosqueteros vuelven a hacer un pase de revista en la plaza, con lo que la participación de los Mosqueteros en las fiestas concluye y tanto los bezneros como los asistentes se dirigen a la verbena

Indumentaria

Uno de los elementos más singulares de este ritual festivo es la indumentaria de los Mosqueteros, así como la del Teniente y el Sargento.

La composición del traje de los mosqueteros encuentra su justificación en la historia del origen de la fiesta, entendiéndose los distintos ornamentos que contiene como regalos que recibieron los vecinos que volvieron victoriosos tras rescatar el Santísimo Sacramento:

Cuando las gentes del pueblo se enteraron de que se traían al Santísimo, que lo habían rescatado, pues no me veas.

Entonces, salieron todas las muchachas del pueblo y se despojaban de todo lo que tenían:

se sacaban sus lazos y se los colgaban en las correas, en los cinturones. Los ramos de flores se lo ponían en los sombreros. Todos los adornos que llevaban las muchachas se lo ponían a los mosqueteros.

Cada prenda que llevan hoy los mosqueteros es un resultado de aquello (Vecino de Béznar de 80 años, ex mosquetero).

El traje del Mosquetero está compuesto por un sombrero, adornado con flores, y un coleto al que se le añade también una profusa ornamentación. El coleto es una especie de chaleco de piel al que se le cosen unas mangas de tela roja.

En el cuello llevan un pañuelo blanco, anudado con un anillo. En la espalda del coleto se pueden observar nueve moñas, hechas de tela de diversos colores.

Bajo las moñas, y apenas perceptibles, están cosidos dos lazos de distintos colores, uno formando la letra A y otro formando la letra M (iniciales del Ave María).

En los vértices de cada una de estas letras, entrelazadas, se colocan las moñas. De los lazos, con los que se han formado las letras, sólo pueden observarse con claridad los extremos que van sueltos por debajo del coleto.

A la altura de la cintura, los Mosqueteros llevan una faja roja, atada en el lado izquierdo. De esta faja, por la parte trasera, cuelgan distintos mantones. El sombrero es de los denominados “catites” (Río, 2006) y destaca por su ornamentación floral.

La base del sombrero es redonda y está forrada de color rojo. Sobre la base se coloca una estructura en forma cónica, hecha con alambres o cañas, sobre las que se entremezclan ramos de flores.

La elaboración del traje, como decimos, se hace en el ámbito doméstico y corresponde a cada Mosquetero o grupo doméstico tanto su elaboración como su coste y su mantenimiento.

Sin embargo, los trajes del sargento y del teniente son, como nos decía un vecino, “propiedad del pueblo” y se guardan en la iglesia. Estos trajes son totalmente diferentes al del resto de Mosqueteros y están inspirados en la época napoleónica (Río, 67).

Están compuestos por una casaca negra con faldones hasta las corvas, peto rojo con botones dorados, guantes y pantalón blanco.

El sombrero es un bicornio emplumado de color negro, con adornos rojos y amarillos.Otras fiestas de la provincia de Granada destacan por la presencia de personajes que, ataviados de una forma parecida a la de los Mosqueteros de Béznar, hacen tronar distintos tipos de armas.

Es el caso, por ejemplo, de los “tiraores” de Campotéjar y de la fiesta de Moros y Cristianos de Quéntar

Los mosquetes

Los mosquetes son armas de avancarga, es decir, que son cargadas por el cañón. Tienen una longitud media aproximada de un metro y ochenta centímetros, y un peso de entre 12 y 14 kilos.

Se componen de la campana (lugar por el que se realiza la carga), el cañón, la caña o madera y la culata. Una pieza esencial es la llave, que permite efectuar los disparos.

La llave esta compuesta por espoleta, espejuelo y cebador. La espoleta, que lleva una piedra de pedernal, se tira hacia atrás y se suelta.

Entonces golpea con el espejuelo y produce una chispa que prende la pólvora del cebador y se produce el disparo.

Según los testimonios de informantes y algunos autores (Brisset, 1997; Río, 2006; Rodríguez Becerra, 1982); aún quedan en Béznar mosquetes originales del siglo xvi.

Hasta el último tercio del siglo xx, la mayoría de los mosquetes se transmitían hereditariamente en el seno de la misma familia (Rodríguez Becerra, 1982).

Quién no disponía de mosquete propio, podía alquilárselo a una familia propietaria, que en el año en cuestión no tuviese ningún mosquetero.

En la actualidad, la mayoría de los mosqueteros encargan réplicas a fábricas de armamento del País Vasco o Valencia y su coste aproximado ronda los 1.200 euros.

En la representación de Moros y Cristianos de Quéntar también se utilizaban mosquetes, pero éstos fueron confiscados por grupos de falangistas durante la guerra civil (Brisset, 2008) y han sido sustituidos por trabucos, más pequeños y disparados con gatillo.

En la pequeña plazoleta donde se encuentra la Ermita de San Antón, podremos ver esta singular estatua que homenajea la figura del “Mosquetero” o “Trabuquero” de Beznar, quienes celebran sus fiestas y honras al Santísimo Sacramento y al patrón de la localidad, San Antonio Abad, durante los primeros días de Septiembre.

D. Juan de Austria constituyó la Hermandad del Santísimo Sacramento de Beznar en 1571, además de concederles una pensión vitalicia y el privilegio de escoltar a la Sagrada Forma en sus salidas procesionales, custodiando permanentemente dos de ellos el sagrario.

Es curioso ver el “tocado” y la capa con cintas y flores que describe como fueron recompensados con coronas de flores y cintas de colores al proteger al santísimo de manos de los monfies, dando origen al atuendo típico que lucen en la actualidad.

En las fiestas del pueblo el primer fin de semana de septiembre, desfilan con sus vistosos trajes por las calles de Beznar y reciben la salida del patrón desde la Iglesia con una descarga de mosquetes.

Acto seguido dos de ellos, el teniente abanderado y el sargento pica, rinde armas a San Antón arrodillándose y postrando pica y bandera ante él.

Se ha creado un museo de los Mosqueteros en el Edificio de Usos Múltiples de Béznar que, en la actualidad, se está promoviendo desde el Ayuntamiento de Lecrín.

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4 comentarios en “La fiesta de “Los Mosqueteros de San Antón”

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